martes, 24 de febrero de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: TRIUNFANDO

Triunfando
Por José Gil
Me detuve un momento al lado de aquel monumento del siglo XVI, testigo de tiempos y vivencias que hoy rondan entre memorias, mitos y leyendas. La tranquilidad de una mañana de domingo me permitió congelar, momentáneamente, mi entorno. Unos pocos transeúntes, abrigados a pesar del generoso sol, gaviotas evocando con su gemido la cercanía del mar, una brisa fría desde el Este, y el sonido de autos y transporte propios de este tranquilo septentrional pueblo de Europa. Aquella combinación de colores, sonidos y frio soleado sugirieron una palabra a mis pensamientos: éxito. Disfrutar, circunstancialmente, de la seguridad y el extraño encanto de esta región del llamado “primer mundo” es la meta de tantos colegas, paisanos y desconocidos, quienes ante las precarias condiciones en su tierra natal zarpan a otras latitudes en búsqueda de mejores oportunidades de éxito. ¿Cómo culparles? Están en su exploración, su búsqueda. Mientras caminaba meditaba en lo evasivo, momentáneo, peligrosamente adictivo y, por mucho que nos esmeremos, pasajero que suele ser el éxito. En el deporte, el campeón de esta temporada es una estadística en la próxima. En los negocios, las empresas “exitosas” de una década pueden quebrar en un día por un cambio en la economía. Incluso en las religiones, grandes y concurridos templos de ayer son viejos muros visitados apenas por pocos peregrinos. Aun así, la sociedad enfatiza el éxito, bien a través de “tener más” o recompensando un “buen desempeño”. Con razón nos dirigimos, a alta velocidad, hacia un muro de concreto en un callejón sin salida; el éxito nos ha distraído del diseño original puesto en nuestro ser interior: Victoria. Una vida triunfadora, victoriosa es muy distinta y superior al frenéticamente buscado éxito. ¿La diferencia? Mientras el éxito mide el esfuerzo puesto en alcanzar una posición reconocible, victoria implica una actitud de entusiasmo y plenitud para elevar nuestro ser interior. El primero es pasajero, la segunda permanece. ¿Te has preguntado la causa por la que tantos que alcanzan el éxito terminan su vida inesperada y solitariamente? En su afán entregaron la plenitud de vida para un éxito aparente, reconocido desde fuera, dejando en segundo plano, o abandonando, que el mayor triunfo es la satisfacción del espíritu. La cumbre del Everest de la fama, fortuna y poder suelen ondear banderas solitarias que nunca calmaron la sed de quienes entregaron todo para encontrarse solos en la cima. Seguí caminando, y más adelante vi a un hombre que, estimo, está en sus tempranos 50, tocando y cantando en una calle del centro. Al parecer fue un músico exitoso, a quien adicciones y miedos le llevaron a la quiebra, no solo material. ¿Sabes? Canta y toca la guitarra muy bien, ahora en la calle, recibiendo dadivas. Puede que ahora sea más rico que antes, al menos eso espero. Hay una leyenda en la que Hades, tras perder su poder perverso dice a Perseo “puede que ahora, sin poderes, llegue a ser más fuerte”. El éxito, en sus expresiones de poder, fama o fortuna, es evasivo, efímero, para quienes lo buscan como meta o destino. En cambio, victoria es otra cosa, es un alma impregnada de la voluntad para disfrutar el recorrido de la vida, incluso cuando el camino es empinado y la única recompensa anhelada es vivir armónicamente lo que nuestro ser interior pide, silenciosamente, a gritos. Es vivir conectado a la fuente de la que brota el entusiasmo y agradecimiento. Me parece hay tantas almas cuyo llamado interior es ser pintores, escritores, maestros de escuela, sembradores, exploradores, traductores, consejeros juveniles, pero cambian una vida plena y victoriosa para buscar el éxito social. No quiero aburrirte así que te comparto un último pensamiento en estas líneas.  Viene a mi mente un hombre de baja estatura, al parecer calvo, posiblemente divorciado o viudo, quien estando en una de sus varias prisiones envió cartas a algunos amigos. Dos frases resaltan de sus escritos “todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” y la otra “gracias a Dios que nos da la victoria”. ¿Ves la diferencia? Este es un hombre victorioso. Estaba viviendo el horror de la prisión, pero no estaba horrorizado. La miopía de su tiempo vio a Saulo como otro perdedor, pero en los anales de la historia…que gran ejemplo de victoria. Pienso en Mandela en Robben, citando a Henley “doy gracias al Dios que fuere por mi alma inconquistable…Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Oh sí, hay una gran diferencia entre el adictivo aroma del éxito y el compromiso de un alma con la grandeza que lleva a una vida de victoria. En esta mañana, que ya es tarde, doy gracias a la vida por mostrarme el camino para vivir en la victoria para la cual fui diseñado, manteniéndome en las alturas de la vida, conectado con Dios. Es mi deseo que tú, también, vivas en victoria. Feliz día.

sábado, 21 de febrero de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: EL JEFE

El jefe
Por José Gil
A través de la ventana del autobús miraba a algunos transeúntes caminando a paso acelerado, el frio y la lluvia hacían que el vidrio dejara correr gotas de agua que, acompañadas del silencio en la unidad me hacían pensar en el tipo de jefe que mis semejantes de esa mañana se encontrarían al llegar a sus trabajos. ¿Tienes jefe? En una escala del 1 al 10, donde 1 es invitarlo a almorzar el día de su cumpleaños y 10 un deseo de patearle el trasero ¿En qué escala colocarías a tu jefe? De repente vino a mi mente una historia relatada por Jesús, que había leído en mi vieja Biblia, en Mateo 21:28-31, y entendí que allí tengo una buena idea del tipo de “jefe” que Dios es. Un hombre tenía dos hijos, y le pidió a uno de ellos que fuera a trabajar en el sembrado, a lo cual respondió “no quiero”, pero luego, “arrepentido” fue. El padre también se acercó a su otro hijo y le pidió lo mismo, a lo cual respondió “si señor” pero no fue. Recordar esa historia hizo que la gratitud me abrazara al entender que lo invisible me estaba hablando al oído, una vez más. Fíjate en estas tres cosas que muestran el carácter del padre en esa historia: a) ofreció oportunidad a ambos hijos, b) aunque el primero se negó no la amenazó, manipuló ni sermoneó, c) Esperaba un trabajo voluntario. Debes tener algo en cuenta, el contexto histórico y cultural de esa historia permitía al padre imponer su voluntad, incluso por la fuerza, so pena de castigo moral o expulsión y hasta la muerte. El padre de esta historia me recuerda al de la parábola del hijo prodigo, y es aquí donde necesito decirte algo muy importante: Jesús está haciendo una analogía de ese padre con Dios mismo. Fascinante. Los religiosos de la época, igual que los de hoy, procuran imponer un Dios que, según ellos, hasta les puede pedir matar a quienes no se sometan, o mandar alguna centella sobre quienes no hagan caso, o puede que amenacen con alguna peste o maldición si alguien osa hacer algo distinto a “la voluntad de Dios”. No es ese el tipo de “jefe” que se nos presenta aquí, por el contrario, se nos presenta a un padre. Este es un tiempo en que tantas personas piensan en Dios como un amo tirano o castigador, lo que puede ser producto de una crianza sin amor o un ambiente de mucha superstición, dobles discursos morales y falsa religiosidad. La imagen del hombre suele influir profundamente en el concepto que los hijos tienen de Dios. Buenas noticias, aquí tenemos al hijo del hombre, Jesús, mostrándonos el verdadero carácter de quien le envió a recordarnos que la obediencia que se espera de nosotros es voluntaria, no por coacción ni por terror. Por otro lado, hay un lado de esta historia que debo meditar, ya no en cuanto al tipo de jefe que Dios es, sino en el tipo de “hijo” que yo sea. Tantas veces se me ha pedido que, voluntariamente, haga algo que sea de bendición a otros, obedecer a Dios atendiendo algo conforme a su propósito y carácter, y me he negado a hacerlo. También en muchas otras oportunidades en las que he recibido un pedido y he respondido “claro que lo haré”…y no lo hice. ¿Sabes? Jesús menciona a los que, luego, arrepentidos, obedecen, como los que a pesar de tener lo que llamaríamos un vergonzoso prontuario de desobediencia, llegan a tener una vida emocional y espiritual en armonía con la vida, consigo mismos, con Dios. ¿Los otros? Son considerados hipócritas que saben la respuesta teórica pero jamás actúan en armonía al amor, al servicio a otros, al propósito Divino. Alguien dijo que “cínico es quien conoce el precio de todo, pero no conoce el valor de nada”. He escuchado decir que “Dios tiene todo bajo control”, y no estoy seguro a que se refiere, pero mi Padre no es un controlador por fuerza, ni un manipulador de oficio, sino que me ofrece un lugar, un tiempo, y un espacio, para que sea colaborador suyo en la obra para armonizar nuestras almas con el propósito original con el que fuimos diseñados: compartir en servicio voluntario. Un último pensamiento que vale la pena meditar puertas adentro de mí ser ¿Las cosas que hago en la vida son expresión de un entusiasmo voluntario por ser colaborador de Dios? Estoy agradecido porque bajo la lluvia, camino a mi lugar de trabajo, esta historia me recuerda que mis actividades terrenales puedo cumplirlas con la actitud de quien ayuda a un Dios en su cuidadoso trabajo para cultivar el huerto de las almas, empezando por la mía. Feliz día.