domingo, 23 de noviembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Segundas oportunidades

Segundas oportunidades
Por José Gil
Esa mañana había salido con buen tiempo para tomar un tren que me llevaría a la ciudad de Voorburg, en la que a primera hora debía estar para cumplir un compromiso de trabajo. El día anterior había abonado saldo a una tarjeta de embarque en el tren y tenía suficiente saldo para hacer unos cuantos viajes sin problema. Al llegar a la estación pasé la tarjeta por el dispositivo de lectura y ubiqué el andén número 6, donde vi el aviso que confirmaba la hora y destino, ese era mi tren. Confiadamente subí y tomé asiento. Las puertas se cerraron y se inició el  recorrido, entonces ocurrió lo que me motiva a escribirte hoy. El controlador del tren vino para verificar que los pasajeros hubieran pagado su viaje y el primer pasajero que revisó fui yo. “Hay un problema” me dijo, y yo me sentí preocupado pensando en todo menos en lo que me diría después…”su tarjeta está bien y tiene saldo, pero este viaje no fue cargado al sistema”. Para ese momento ya algunos pasajeros miraban al cara de latino o árabe, posiblemente pensando que era un coleado. Si fuese uno de esos X-Men habría mutado mi rostro para esconder mi rubor…justo cuando yo venía tan confiado de que estaba haciendo todo bien. Sin inmutarse el controlador me observó severamente e hizo una pregunta “¿Se aseguró que la luz del dispositivo se encendiera al pasar la tarjeta?” Creo que mi estatura se debe haber recortado unos cuantos centímetros…”no recuerdo”. Una vez más me miró y dijo “¿A dónde se dirige?” Justo en el momento que por el altavoz se oía una voz metálica “la próxima estación Voorburg”. Era donde me correspondía bajar, pero un descuido antes de tomar el tren, me enfrentaba a una inusual vergüenza, sin contar una posible multa o algo más severo. No había prestado atención a la luz verde al pasar mi tarjeta. Desconozco si fue su percepción de que no le mentía o su sensibilidad ante un extranjero visitante, o ambas, pero la frase final del controlador para mí fue “debe poner más atención la próxima vez”, y sonriendo me advirtió “no pase la tarjeta al salir o será multado”. De modo que, avergonzado, viaje gratis, porque la autoridad del tren mostró gracia aunque también advirtió justicia. Me dio una segunda oportunidad, decidió confiar que la próxima vez yo mantendría la intención de hacer lo correcto pero además pondría atención a los detalles importantes. Ahora, me pregunto, cuál habría sido mi decisión si yo hubiese estado en los zapatos del controlador, en un país organizado hasta en mínimos detalles, cuyos pocos casos de delincuencia suelen estar asociados a “visitantes” y, tan temprano, toparse con un sospechoso de estar aprovechando su sistema y estilo de vida. ¿Qué habrías hecho tú conmigo? Algunas veces somos severos al emitir juicios a otros, pero una voz en nosotros tantas veces grita por benevolencia. Con demasiada frecuencia superficialidad y religiosidad  nos hacen sentenciar a algún “avergonzado” en el camino, cuando nosotros mismos hemos sido tantas veces beneficiado por segundas oportunidades. Una de las cosas más maravillosas de la vida se produce cuando una segunda oportunidad nos es regalada, aunque merecíamos vergüenza y multa. ¿Alguna vez tuviste esa rara sensación de caminar sobre una cuerda floja entre la vergüenza y tu destino? Puede que me equivoque pero me parece que todos, en el sentido espiritual, en algún momento, hemos estado en ese vagón, incluso algún santurrón que enviaría a todos al infierno. Viene a mi memoria historias cuando Jesús tuvo un encuentro con personas que estaban en un vagón del tren de la vida del que merecían ser expulsados, y ¿Sabes cuál fue su sentencia? “Ve, y no peques más”. A un religioso de su tiempo le preguntó si un acreedor perdonaba a dos deudores, el primero una gran deuda y al otro una más pequeña ¿Cuál amaría más a quien perdonó? La sabia respuesta: aquel a quien más se le perdonó. Si pudiéramos trascender al nivel de las oportunidades que hemos recibido disfrutaríamos una actitud de agradecimiento que nos daría una armonía interna que reyes y generales han buscado en las guerras equivocadas. Tengo buenas noticias para ti. La vida ofrece segundas oportunidades porque la persona con autoridad la ofrece: Jesús. Segunda oportunidad para recuperar una imagen deteriorada, sanar heridas, recuperar un dialogo perdido. Me gusta saber que el controlador del tren de la vida tiene la autoridad para bajarme, multarme y hasta hacerme detener…pero mira mi condición y me ofrece una oportunidad de hacerlo mejor. Me gusta pensar que la vida me dice “José, sé que puedes hacerlo mejor, eres libre, estas absuelto, ahora haz las cosas bien y pon atención para hacerlo mejor…aprende y avanza”. El Dios en el que creo tuvo firmeza de carácter para expulsar a quienes robaban en su nombre, pero también la sensibilidad para decir a los que viajaban sin pagar “ve, y no peques más”. Soy un alma agradecida porque ese controlador de tren me permitió recordar, esa mañana de invierno, que alguien, en un caluroso día de primavera, me absolvió para que no viviera en vergüenza, sino disfrutando una segunda oportunidad. Ahora puedo incluso aprender suyo para dar segundas oportunidades en el camino. Agradece y disfruta tu segunda oportunidad, y extiéndela a otros. Feliz día.

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: La plegaria del valiente

La plegaria del valiente
Por José Gil
Caminaba por el centro de la ciudad de La Haya, era Domingo, temprano, y muy pocos transeúntes se veían por aquella usualmente concurrida calle. Aprovechaba que el sol regalaba algo de calefacción gratuita y la tranquilidad y silencio del entorno. Antes de llegar a una esquina vi a mano derecha un montón de mis artículos preferidos: libros. “Librería central Americana” decían unas letras color azul en la entrada. Estaba abierta, así que entusiasmado entré. Mis ojos recorrían algunos títulos, algunos de los cuales no entendía por cierto, cuando encontré un estante con el título “libros en español”, y me dispuse a mirar títulos y autores. Benedetti, Borges, Allende, figuraban entre los destacados. Fue curioso mirar “El largo camino hacia la libertad” de Mandela al lado de otro libro, escrito por cierto personaje de la política norteamericana cuyo nombre me reservo…sonreí y conversé puertas adentro de mi alma, si coexistieron en el planeta ¿Por qué no en una librería? En cierto momento tomé del estante un libro y leí, al principio de uno de sus capítulos, una frase que, de inmediato, hizo conexión conmigo: “Nunca estas solo, no tengas miedo aunque el camino se haga largo”. Tal frase inscrita en la biografía de un joven que enfrentaba un cáncer terminal me recordó el porqué de cuando en cuando mi alma se pone de pie para aplaudir a guerreros, a valientes que, anónimamente, libran una batalla más digna que muchas de las absurdas que la historia -y quienes la escribieron- han querido elevar para alimentar patrioterismos superficiales. La batalla en la que cada alma enfrenta sus gigantes, sus demonios, sus pruebas…como lo queramos llamar. Me fascinó que incluso en su hora menguada ese joven, lo mismo que tantos otros, descifran la clave para derribar al Goliat en su Valle de Elah. No estamos solos. Nunca, jamás estamos solos. Cuando leo algunos de los escritos que algunos de tales valientes han dejado percibo algo en común, un sentido de lo eterno, de lo que permanece, de algo que trasciende a la vida física. Lo llamo alma, y cuando el valiente enfrenta al gigante, sus acciones, tanto o más que sus palabras, son una plegaria que dice “no estoy solo, venceré”. Ahora déjame decirte lo que me motivó a escribirte estas líneas. Una cosa que ya no es tan inusual para mí es que, apenas unas horas antes de entrar a aquella librería, había participado en un dialogo sobre la soledad y el valor, sobre el vacío y miedo que puede producir en un alma el sentimiento de soledad. Entendí que no estaba allí por casualidad. Estaba allí para encontrar una respuesta que compartir, procedente no de quien disfruta el andar en una cómoda y segura ciudad de Europa, sino de un joven que enfrentó a un gigante llamado cáncer sin perder el valor. ¿De dónde viene la fuerza de este tipo de valientes? De su confianza en Dios. Cínicos y mercaderes de fe han poblado estantes de la baratija de la historia, pero la sección de valientes suele estar ubicada en autores anónimos cuya intención no fue vender, dominar ni manipular sino que la victoria era el destino de su alma, aunque no contaron con compañía humana en muchos de sus tramos. Mientras caminaba de regreso para plasmar estas líneas recordé una de los pasajes más atesorados de mi vieja Biblia, son palabras que Dios dice a un solitario joven procedente de una familia disfuncional, desechado en muchos aspectos, pero con un corazón valiente. Dios le dijo a ese joven: “Aunque tu padre y tu madre te abandonaran, yo nunca te abandonaré ni te dejaré”. Pienso en mi madre, enviudando con 37 años, sin trabajo, dinero ni profesión, justo el mismo mes que la casa alquilada en que vivíamos se derrumbara, ya tiene 73 y proclama a vecinos y amigos que “nunca ha estado sola”. Pienso en aquella amiga cuyo esposo fue asesinado frente a su casa, en quien injustamente fue humillado y echado de su trabajo para enfrentar una crisis económica que había llevado a algunos incluso al suicidio…si, la soledad es un gigante temible y terrible, pero entonces el alma valiente eleva su plegaria: “no estoy solo, venceré”. ¿Sabes? Nunca estarás solo o sola, naciste con los ojos de Dios sobre ti, una compañía que se manifiesta a través de otras almas, pueden ser familia, amigos o los samaritanos del camino, pero siempre has estado en compañía, siempre. Pienso en Jesús diciéndole a sus seguidores que “los ángeles que cuidan a los niños ven el rostro del Padre cada día”. Estamos acompañados, la soledad nos pone en estado de sitio solo cuando sacamos la vida de su contexto intelecto-espiritual. La tristeza puede invadirnos en tiempos peligrosos. Pienso en aquel viejo profeta deprimido que pensaba ser el único que continuaba confiando de Dios. ¿Sabes la respuesta Divina? Ponte de pie y anímate, porque “yo te mostrare que hay siete mil que me son fieles”. Imagínate, Elías pensaba estar solo pero había siete mil valientes como él. ¿Imaginas cuantas almas valientes están ahora mismo, igual que tú, enfrentando su batalla mientras elevan su plegaria? No son plegarias de desespero, aunque algunos pasajes de la vida son feroces, son la plegaria de quien sabe que Dios la acompaña en dos formas: externa a través de otras almas y ángeles (sus agentes secretos infiltrados en territorio hostil), e interna, avivando esa confianza que nace dentro de nosotros. En este día mi alma aplaude de pie a los valientes del camino, a los que van dejando una huella que vale la pena seguir y celebrar, a los que anónimos se levantan contra la injusticia, el miedo, se esfuerzan a favor de recuperar la dignidad del alma. Me gusta pensar que, en sus propias palabras, algo en su ser interior les hace confiar “no estoy solo, venceré”. Quiero hacerme eco de esa plegaria: “no estás solo, vencerás”. Feliz día.

domingo, 26 de octubre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Lo inservible

Lo inservible 
Por José Gil.
La madre y hermana quisieron regalarle algo especial, para lo que hicieron lo que forma parte de una historia contada por TV. Su viejo auto, un Volkswagen de los 60, había estado abandonado en un viejo garaje durante 10 años. En varias oportunidades el joven había dicho, con nostalgia, que tenía el sueño de algún día manejar aquel auto. El deterioro era profundo, un motor trabado, su interior enmohecido y la pintura deslucida. Luego de un plan concertado, las dos damas llamaron a un especialista en recuperar autos que otros diagnosticaban inservibles. Te haré esta historia corta, por si eres impaciente como yo. En 21 días ellas llamaron al joven por teléfono, pidiéndole que fuera a verlas de inmediato por un asunto que tenía que ver con su viejo auto y requería urgente atención. Al ver su viejo escarabajo, restaurado y preciosamente acabado, el joven tuvo un emotivo y entusiasta agradecimiento con su madre y hermana…le habían devuelto lo que parecía inservible. ¿Te gustó la historia? Es real, a mí me encantó. Quiero ahora contarte, brevemente, otra, que representa millones de historias. Me refiero a las vidas de tantas almas, diagnosticadas inservibles por otros y que, en este mismo momento, están esperando que alguien tenga más que buenos deseos y tomen la iniciativa para brindarles una oportunidad de recuperar su brillo, su frescura, su razón de ser. Son demasiadas las almas abandonadas en chiveras espirituales, desgastadas, secas, zombis caminantes. Sobre ellos hay quienes hablan, sin acercárseles por supuesto, para luego etiquetarles como…inservibles. Aprendimos a ver a otras personas en función de su utilidad para nosotros, pero no como almas que pueden necesitar de nosotros. Para aderezar el asunto tenemos a tanto religioso que pasa al lado de los caídos del camino sin tomar el tiempo de atenderles, aunque en sus discusiones teóricas son capaces de partir un pelo de religión en varias partes. ¿Conoces a alguien cuya vida sea “inservible”? Son muchos los lisiados y caídos al lado del sendero que las almas caminan, muchos hasta sonriendo por fuera, pero su mundo interior paralizado. Déjame decirte, sin lugar a dudas, alguien ama profundamente a esa alma, una tía, un padre solitario, un excompañero de estudio, y puede que no sepan cómo o que hacer mientras miran que el deterioro continúa. Incluso si no queda nadie que resista amar o desear algo por tal persona, Dios le ama. ¿Conoces a alguien en esa condición? ¿Podría ser que una parte de nosotros se halle así? Viene a mi mente Simón, fascinante personaje en “El milagro más grande del mundo”, un trapero que recogía lo desechado, cuya vida y mensaje permitió recuperar al autor del libro mismo. Me pregunto ¿Qué nos ha pasado? Si estamos tan enredados en una vida “útil” en lo monetario, intelectual y religioso, pero poco o nada hacemos para ayudar a quienes hasta hace poco caminaban a nuestro lado y, por cosas de la vida, están en la lista de inservibles de una sociedad que se evalúa según tiene, sabe o produce. ¿Te gustaría ayudar? Es tan fácil, aunque lo hemos enredado mucho. No se trata de irte a vivir a un jardín y comer flores, tampoco de iniciar una campaña internacional o unirte a una organización. Se trata de que compartas esperanza llamando al especialista en dar esperanza y recuperar lo “inservible”. Se llama Jesús, aunque tiene otros nombres en otros idiomas y culturas. Pero ten cuidado, no es el que tienen por allí cautelosamente clavado en una cruz, pienso que por temor a que se baje, ni al que  pintan como recién salido de un salón de belleza en películas,  tampoco al que venden los mercaderes de fe para llenar sus bolsillos y manipularte. Es quien dice “he aquí yo hago nueva todas las cosas” y “abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. Creo que existe un Dios que ha señalado a Jesús para mostrarnos al experto indiscutible de recuperar las almas enmohecidas. Es el especialista en recuperar las almas en sus emociones, convicciones, pensamientos y afectos.  Quien te escribe agradece las llamadas que almas amigas han hecho en forma de oración, solidaridad, exhortaciones y consejos; apelando sencillamente al maestro de las emociones, al especialista para restaurar. Estoy agradecido por haber entendido que en la vida vamos siendo salvados de tantas formas y maneras, pero es el rescate del alma el más importante, y en eso la verdadera autoridad es mi amigo Jesús. ¿Lo conoces? Es fácil, solo debo buscar sus palabras en mi vieja biblia, meditarlas, confiar en sus promesas y vivir conforme a su armonía con el Dios Eterno, llegar a pensar, hablar y actuar como él. Haciendo esto podemos esperar ver algo maravilloso: la renovación del ser. En la primera historia que te conté el joven termina manejando, feliz, su auto, junto a su madre y hermana. Quiero terminar la segunda recordando lo que el padre dijo a su hijo mayor en la parábola del hijo prodigo: “es necesario hacer fiesta porque este hijo mío se había perdido…y ha sido encontrado”. Me gusta pensar en un Dios que celebra ver restaurado lo que había sido diagnosticado causa perdida, un amor que no se cansa de esperar lo mejor de nosotros, pues contamos con su especialista. Feliz día

lunes, 20 de octubre de 2014

TU REFRIGERIO ESIRITUAL DE HOY: VOLVER A REIR

Volver a reír 
Por José Gil.
Estaba conversando sobre el entusiasmo cuando una de las personas presentes me compartió una frase que atesoro con especial agradecimiento a la vida: “José va a ser eterno”. Ante mi solicitud de aclarar semejante expresión nos compartió que su hija le había dicho eso, luego de haber escuchado en un programa de ciencia que la medicina moderna sugiere que reír 15 veces puede agregar 1 día de vida. En ese punto los presentes reímos y yo di silenciosas gracias a Dios por haberme provisto de un entusiasmo que ha sido fiel compañero a través de días despejados y tormentosos. Según William Fry, psiquiatra estadounidense, 5 minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicio ligero, asunto que me parece fascinante. Pensando en momentos de los que poco o nada feliz puedo decir vino a mi mente un pasaje de mi vieja biblia: “Un corazón alegre es como una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos”, Proverbios 17:22. Fíjate en algo interesante: la alegría es medicina. Es fácil reír cuando las cosas marchan conforme a nuestros planes y deseos, pero cuando la adversidad aparece son muchos los corazones que sucumben ante la tristeza, amargura o el dolor. En el otro extremo encontramos a quienes ríen del mal o dolor de otros y, en muchos sentidos, el humor, para muchos, se ha convertido en burla, lo que desdibuja la dicha de una sana alegría y siembra raíces de odio entre el burlón y el burlado. Incluso hay quienes ríen ante bromas que destacan violencia, ilegalidad o inmoralidad. En otros casos, la vulgaridad ha sustituido a la alegría. ¿La diferencia? Aquella degrada, esta edifica. Entonces, pensando en los momentos de los cuales es difícil reponerse en la vida, y en la medicina que constituye la sana alegría, quiero compartirte esto: existe algo bueno por lo que aun vale la pena levantarse y luchar, con entusiasmo, con alegría, con fervor y con el alma encendida. Puede que estés enfrentando la tragedia o la incertidumbre en este momento, pero la alegría solo está esperando que la invoques para sanar tus emociones. Empieza hoy, sal del letargo de la tristeza recordando que eres un alma única a la que Dios ama profundamente. Conozco a tres mujeres cuyas parejas fueron asesinadas, dos de ellas debieron ser sometidas a intensos tratamientos y operaciones por cáncer y sus recursos financieros no eran precisamente holgados. Esas tres mujeres muestran un sentido de alegría y entusiasmo por la vida que tantos quisieran poder disfrutar….y pueden, pero necesitamos darnos la oportunidad de reencontrar la sencillez en la cotidianidad. Existen estudios que sugieren que los niños a los 6 años ríen unas 300 veces por día; pero un adulto lo hace entre 15 y 100. ¿Qué es lo que nos ha pasado? Nos hemos dejado robar la alegría, deprimidos por extender nuestro propio dolor; y nos hemos dejado engañar por quienes venden risas sobre la burla o la degradación del ser. Jesús mismo tuvo momentos para llorar al saber que un amigo había muerto y ante la insensibilidad y maldad de sus paisanos en Jerusalén, pero sus palabras resaltantes para sus amigos fueron “ustedes están tistes ahora, pero nos volveremos a ver y nadie les quitará esa alegría”. La tristeza y la depresión agitan y envejecen, literalmente, a la persona, mientras que la alegría sana, rejuvenece. Estoy convencido que los niños disfrutaban la compañía de Jesús porque su personalidad les era grata, era otro niño, uno que supo distinguir la responsabilidad de ser adulto sin dejarse robar el brillo de la niñez. Me causa risa las demagógicas propagandas electorales típicas de mi cultura, en las que el político habla sobre rescatar o salvar a los “niños pobres”, mostrando de fondo a niños en un barrio o barriada deprimida. Lo curioso es que, por lo general esos niños están corriendo y riendo…me pregunto quién necesita ser realmente rescatado. En este día quise compartirte que las noticias de sucesos y las tendencias financieras no parecen dar muchos motivos para reír, pero un alma que camina en armonía con Dios y se nutre de esa relación para el contentamiento y el entusiasmo, ha encontrado el secreto de la eterna juventud, con la cual su cuerpo puede envejecer y, eventualmente, apagarse, pero su alma siempre brilla, sabiendo que vale la pena volver a reír si vamos tomado de la mano con Dios. Feliz día.

lunes, 15 de septiembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Esperanza de regreso

Esperanza de regreso
Por: José Gil
Me encontraba en aquel estudio cerca de la Plaza Altamira, en Caracas, listo a tomar la foto que necesitaba para un trámite de trabajo. Delante de mí había otras personas esperando, me pareció que todas en sus 20 y tantos, excepto una niña de unos 2 años, a quien su padre trataba de convencer que mirara la cámara. Sus ojos se abrían mientras miraba en la dirección contraria…no pude evitar reírme. Finalmente, el fotógrafo dio paso a los más decididos, 5 personas en total, el quinto era yo. Al terminar de tomar todas las fotos, incluida las de la niña, el técnico tenía en la pantalla de su computadora las imágenes de todos para procesar fondo e imprimir. Fue cuando ocurrió lo que motiva que te comparta estas líneas. Se dirigió a los fotografiados preguntando el país al que viajarían…España, Inglaterra, fueron respuestas de quienes me antecedían. El color de fondo y tamaño de la fotografía dependía del destino. En ese momento repasé mentalmente una noticia que había leído el día anterior sobre 1.5 millones de personas que han salido del país en la llamada “estampida lenta”, durante la última década. Una mezcla de emociones rondó mi alma, por un lado pensar que gente joven vaya a explorar el mundo más allá de la esquina. Por otro lado, nostalgia de tiempos cuando Venezuela fue refugio de tantos que buscaban mejores oportunidades de vida. Españoles, italianos, portugueses, árabes de distintas regiones, llegaron a estas tierras, añorando la suya, pero entendiendo que no quedaba mucho para ellos allá en ese momento. Vinieron, algunos se quedaron, otros regresaron y, hasta ahora, hay quienes van y vienen compartiendo espacios tiempos, y entendiendo que hogar no es un pedazo de tierra que posees sino el lugar donde eres bienvenido. En fracciones de segundos recordé momentos en que he salido a trabajar, haber conocido personas y lugares en los que confirmé la compañía de lo Divino, cuidando y animando, alguna lagrima de despedida…pero sobre todo, recordé la emoción de un reencuentro, un abrazo, un bienvenido de vuelta a casa. Pensando en esas cosas encontré en mi vieja Biblia esta frase: “hay esperanza de un porvenir, dice el Dios Eterno, los hijos volverán a su propia tierra”.  Inmediatamente me apropié de esa promesa. Me gusta saber que existe una tierra, un sitio, una mezcla de aromas, paisanos, calles que pueden hasta ser polvorientas y plazoletas sencillas, que hacen suspirar a quien se encuentra lejos de lo que siente “suyo”, en especial si la causa de alejarse no es la falta de aprecio sino la individualísima búsqueda que cada alma debe completar para madurar esa versión de sí mismo, sellada en su ser interior. Hay momentos cuando ver que otros se van nos hace sentir, a quienes nos quedamos, que los ganadores, los exitosos, son ellos; y los que se quedan son perdedores. Eso no necesariamente es así. Quien te escribe ha vivido ambos lados del viaje y entiende que el éxito no depende del sitio en que estés, sino de la actitud con que exploras y el entusiasmo en cuanto haces. Deséale lo mejor a quien parte en su exploración de vida, y mantén la esperanza de un reencuentro. No te creas desleal por irte, no te veas como perdedor si te quedas. Alimenta la esperanza de reencuentro. Hay algo que se apodera de mi mente en este momento: la esperanza de que los hijos volverán a su propia tierra. Pienso en las veces que por el retrovisor de mi camioneta veía a mi abuela parada a la puerta de su casita en la montaña, dirigiendo la señal de la cruz hacia mí, en su creencia que eso me protegería. Créeme que lo que me protegió y acompañó fue su sonrisa y sus ojos iluminados de….esperanza por mi regreso, y siempre regresaba, hasta que ella se fue a casa…donde por cierto también nos reencontraremos. Para algunos, ver alejarse a un ser amado abraza la esperanza de poder ir a verle, pero para otros solo hay esperanza de que vuelva a “casa”. ¿Sabes? Me parece que Dios nos permitió salir un día de “Su” casa, no porque quisiera que nos fuéramos, sino porque no es posesivo ni controlador, permitiéndonos tomar nuestro propio camino, aunque nos alejara suyo. Que interesante que sea ese mismo Dios quien haya motivado palabras de esperanza de retorno a casa, nuestra casa, donde pertenecemos. Fíjate en algo maravilloso, no existen las casualidades, mientras escribía esto recibo por mi teléfono una imagen que tiene escrito “Dios te guiará”, basada en Proverbios 3:5-6. Sin duda alguna, Dios nos guía a casa y eso alimenta mi esperanza de reencuentro. Agradezco a la vida por conservar la demente esperanza de que habrá un retorno, un regreso de quienes hoy se van…del mismo modo que un retorno a una vida en armonía con Dios, quien nos guía de vuelta, en el tiempo y al paso que cada uno de nosotros decidamos tener. Mantén la esperanza de un mejor porvenir, asegúrate que tú, igual que yo, estamos siendo guiados, pon tu mirada en Jesús…y síguele, el conoce el camino de regreso. Anhelo que, un día, regresaran los de España, los de Inglaterra, los que fueron a Colombia. Puede que no todos retornen, pues el propósito de vida de algunos les será mostrado en otra geografía lejos de la natal, otros volverán y otros compartirán afectos; pero por encima de todo, anhelo el retorno a una perfecta armonía con Dios, que es nuestra casa de origen...y destino final. Feliz día.

domingo, 7 de septiembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Viajando en el tiempo

Viajando en el tiempo
¿Alguna vez has deseado poder viajar en el tiempo? ¿Desearías ir a algún momento específico de tu existencia? Me parece que todos, en mayor o menor frecuencia, hemos deseado volver a algún momento pasado; bien para recrear aquella vivencia que refresca al alma, o para enmendar lo que consideramos fue un cruce equivocado en nuestro camino. Una forma particular de viajar en el tiempo es mirando fotografías, en lo personal me fascina mirar las que, en blanco y negro, me llevan a un tiempo en el que la nostalgia parece susurrarme al oído que “antes era mejor”. Estudiosos de la mente humana sugieren que hay un deseo implícito del ser humano por volver a “algo”, a lo que deberíamos agregar que no todos logran decodificar y en su búsqueda se define nuestro sentido de la vida misma. A ese algo me gusta llamarlo hogar y tengo la convicción que fuimos diseñados para encontrarlo; sin embargo, no lo hallaremos como viajeros furtivos al pasado y mucho menos si recordamos para atormentarnos a nosotros mismos. Que interesante que en la Biblia hay un llamado para que “hagamos memoria de las maravillas que Dios ha hecho” (1 Crónicas 16:12). Somos invitados, alentados, a que nuestros viajes al mundo de los pensamientos sirvan para afirmar que nuestra existencia ha estado rodeada de la obra maravillosa de Dios y que eso nos nutra de confianza y optimismo para seguir andando. Una epidemia que azota a tantas alma es la de revivir, con demasiada frecuencia, viejos pesares que arrastran, agobiando y robando su presente. Anclados en una vieja herida, una pérdida o una despedida abrupta, son presa de dolor, rencor, tristeza y desgano por la vida presente. Me parece que, precisamente porque sabe que tendemos a pensar en la tragicomedia pasada es que Dios nos invita a recordar sus maravillas, disponibles para nosotros. En este punto alguien que entienda su vida como un océano de sufrimiento puede preguntar ¿Cuáles maravillas porque yo no recuerdo ninguna? Mira el cielo en una noche estrellada, observa el fondo azul tras nubes blancas, siente la brisa del mar mientras escuchas las olas besando la costa, el canto de las aves, la risa de un niño, la luz en la mirada de la abuela ante las flores que trajo su nieto, y tantas otras cosas para las cuales nos hemos hecho miopes. Existe una música universal que es renovada diariamente y, si nos pasamos añorando ir al pasado para escucharla de nuevo, es porque no estamos entendiendo que la orquesta no ha terminado de tocar. El viaje en el tiempo es posible solo en una dirección…hacia adelante, asunto afirmado por los profetas y confirmado por la ciencia post-Einstein. ¿Quieres viajar en el tiempo? Mira fotografías, observa la luz de estrellas en el cielo, emitida hace miles de días y años, que recorrieron el cosmos para llegar a tus ojos…hoy. Si tu mente está viajando al pasado te animo a no dejarla allá, tráela de regreso, al presente, al hoy, no te pierdas la armonizada melodía que la vida sigue tocando para ti, afina el oído del alma, la melodía Divina se renueva cada día; incluso cuando repite algunos acordes. Hay muchas cosas espantosas ocurriendo en el mundo, pero la armonía maravillosa de Dios no se interrumpe, al contrario, eleva sus notas para que quien se aproxime las escuche fuerte y claramente. Todos recordamos personas, momentos y lugares que siempre tendrán un sitio atesorado en nuestra memoria, ellos nos ayudaron, de una forma u otra, a llegar donde estamos y a ser quienes somos…pero sigamos nuestro andar sin anclar la mente. Me preguntas ¿La meta de ese andar? Llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos, como expresa Wayne Dyer en “El cambio”, cuyo video te recomiendo mirar en la red. Me atrevo a decirte que hay una fuerza en ti que está luchando para quitar la camisa de fuerza que le hemos puesto con tantos clichés, ansiedades y mal entendida vida social. Es tiempo de comenzar a recuperar en el presente lo que nos hemos estado robando a nosotros mismos por algunas cosas de nuestro pasado. Me gusta tanto saber que incluso Dios prometió no recordar nuestras perversiones, cuando nos dice “yo hago todo nuevo, y de lo primero na habrá más memoria” en Isaías 65:17. Una afirmación contundente de que, incluso lo Divino, nos anima a vivir hacia adelante, no trayendo a nuestra memoria los asuntos que han sido borradas de la de un Dios renovador. Me anima este pensar, me anima saber que aunque ya estoy en el atardecer de mi vida, la vida sigue estando en el hoy y ahora, la luz sigue iluminando para que explore cada día el tramo de camino adelante, hasta llegar a casa. Feliz día.

lunes, 1 de septiembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Lo pasajero y lo duradero

Lo pasajero y lo duradero
Hacía meses que no iba el mercado “Las Pulgas” en el centro de Maracaibo, caminando por la calle que da acceso principal a sus pasillos. Observaba con asombro el gran número de locales cerrados, no sé si por ser tiempo de vacaciones escolares o por haber perdido su batalla contra la economía nacional. Iba de regreso hacia el estacionamiento cuando escuché “cuarenta mil millones…”. Aquel vendedor de loterías hacía, voz en cuello, una oferta difícil de ignorar, en especial considerando el sitio y las personas que suelen caminar esa parte del mercado. ¿Cuántas cosas podría hacer? ¿Cuántos problemas podría resolver el joven que compraba aquel par de pilas? En ese momento mis pensamientos trajeron a escena una noticia que había leído la madrugada anterior sobre cientos de ciudadanos que viajan, desde Alemania e Inglaterra, a Suiza; para ser asistidos al suicidarse. Debes estar preguntándote la causa por la cual se hayan conectado esa noticia y la oferta del vendedor ambulante. Sin duda que algo tendrá que ver mi tendencia a conectar todas las cosas; sin embargo, déjame compartirte algo que puedes meditar por tu cuenta. Me parece que debido a abrumadoras carencias materiales de nuestro país, somos empujados a pensar que con dinero podríamos resolver el problema o, al menos, nuestro problema. Pero que interesante que, al otro lado del Atlántico, con un mejor poder adquisitivo, libres de las taras sociales que acá nos mantienen en zozobra…muchos se suicidan. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que unos 360 millones de personas sufren de depresión, de los cuales 1 millón se suicida cada año. Me parece son dos expresiones de una misma tragedia. Allá soledad y pena, acá una selva de empujar y gritar por lo material. No pretendo saber lo que abruma al alma al punto de hacerle perder el afecto por la vida misma, al punto de terminarla por suicidio o incinerarla diariamente en su afán por cosas. Pero una frase bíblica viene a mi mente: “…el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Fortuna, fama, poder; han sido erigidos como trilogía de dioses de la sociedad, tras cuya búsqueda las almas tienen la misma esperanza de vida que los ratoncitos de laboratorio a quienes ponen a dar vueltas en jaulas tipo bombo, donde corren y corren, pero nunca avanzan ni se liberan. Muchos parecen haber perdido el amor a la vida al ser testigos de tragedias, incluyendo las suyas. Otros están muriendo un poco cada día, entregados a una tragicomedia para conseguir lo que ya los primeros tienen. Una misma respuesta es enviada para ambos, que bien puede servirme en mi andar diario: lo que permanece de la vida es todo cuanto pensamos, hablamos y hacemos, en armonía con la voluntad de Dios. Ah! ¿Y eso cómo se come? Se refiere a vivir en armonía con Dios (no con la iglesia ni religiones, por cierto), con nosotros mismos y, como resultado, con nuestros semejantes. ¿Cuándo fue la última vez que tomé un tiempo para orar, leer algo de valor espiritual, meditar? No me refiero a ir al templo a que me cuenten cuentos entretenidos, me hagan sentir buena persona, o me den un regaño…me refiero a ese momento en el que, a solas, marco una clara línea que distingue lo pasajero de lo permanente en mi ser interior. ¿Qué es lo que mueve mi vida? Mi respuesta es mía, igual que la tuya pertenece al sumario de tu existencia. En cuanto a la tragedia que puedas estar viviendo, quiero despedirme por hoy con una frase de Ana María Frank, niña que vivió el horror de la guerra, huyendo, oculta del ejército invasor que ocupaba Holanda. Ante la crudeza de lo vivido acuñó una frase que aun retumba en las almas que alienta: “No pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún permanece”. Somos beneficiarios de un mundo maravillosamente diseñado, una vida que nos es regalada cada día, y la oportunidad de discernir entre aquellas cosas que hacemos, las pasajeras y las permanentes. Es nuestra decisión cuales, y en que magnitud, son las que motivan nuestro andar y definirán nuestro paso en la eternidad. Feliz día.