domingo, 15 de marzo de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: SIN PÁNICO

Sin pánico
Por José Gil
Salí del apartamento para ir a mi sitio de trabajo y al entrar al ascensor saludé a una vecina quien bajaba con su hija. Apenas se hubo cerrado la puerta se produjo un ruido fuerte y en fracciones de segundo percibí lo que acababa de pasar…la guaya se había roto. El cajón inicio un descenso que no debe haber durado 2 segundos, pero fueron decisivos para las tres almas allí congregadas. La dama emitió un grito instintivo al que se hizo eco su hija, y por mi mente cruzó la idea de que la caída iba a ser dura. Una frase fue emitida “sin pánico, sin miedo”. Hubo un silencio, no sé si fue más el resultado de las palabras que acababan de salir de un hombre enfrentando su propio miedo, o porque el ascensor se había detenido en seco, como halado desde arriba. Luego supe lo que había pasado….el freno de seguridad nos había salvado de lesiones o algo peor. ¿Alguna vez sentiste pánico? Es un miedo magnificado a niveles que generan alta presión física y mental, normalmente resultado de percibir peligro en forma súbita. Dos cosas importantes que han concluido los estudiosos de la conducta: el pánico paraliza y, segundo, su aparición tiene más que ver con la condición del alma que con la amenaza externa. ¿Sabías que la palabra pánico tiene su origen en una deidad llamada “pan” cuyo objetivo era asustar a las almas sorprendiéndolas? De modo que, tradicionalmente, el pánico es…un enemigo espiritual. Pensaba en esto cuando recordé la historia de cierto hombre que se acercó a Jesús para pedirle fuera a ver a su hija de 12 años, quien estaba gravemente enferma. No sé cuánto tiempo le habrá tomado encontrarle, pero cuando ya venía a su casa con la persona en quien estaba su esperanza, llegaron sus conocidos con la noticia “tu hija murió, ya no molestes al Maestro”. ¿Alguien dijo “pánico”? Una cosa es teorizar o narrar una historia sobre un susto mayor en un elevador defectuoso, pero… “tu hija murió” ha de ser un paralizante para cualquier alma. Trato de imaginar aquel padre paralizado, con un tornado de pensamientos, sin poder moverse posiblemente, mirando a su ayudador pero sin poder pronunciar palabras. Es entonces cuando el hijo del hombre expresa lo que considero la fuente de la que brota el triunfo sobre el pánico: “no tengas miedo, sigue creyendo”. Marcos 5:36. No dejes que el miedo te paralice, sigue caminando a casa, no dejes que el dolor ni la muerte minen tu corazón de desesperanza….me buscaste y hallaste, me invitaste a acompañarte y aquí voy contigo…no te dejes vencer….yo voy a tu lado….sigue aunque parezca que vas a enfrentar la realidad aparentemente más dolorosa que hayas alguna vez atravesado…sigue caminando que yo voy contigo. Ante la tragedia inesperada el alma quiere paralizarse por el miedo hecho pánico. ¿Sabes cuál es la expresión más repetida por Jesús a sus seguidores? “No tengas miedo”. Ahora te pregunto, ¿Sientes que te asalta el pánico? ¿Llegas a la esquina de tu casa y ves tendido el cuerpo de un ser amado, víctima del hampa? ¿Tu medico acaba de notificarte que tu vida camina la cuerda floja? ¿Perdiste tu trabajo en medio de una crisis económica? ¿Tu matrimonio termina? ¿Te acusan injustamente de cometer un crimen? ¿El ascensor de la vida parece irse abajo porque su guaya principal se desprendió? Conozco personas que han vivido algunas de esas vivencias y han enfrentado el miedo con una armadura de confianza en que Jesús camina a su lado, alentándoles a seguir caminando también. Déjame decirte algo: las palabras de la vida para ti -y para mí- siguen siendo las mismas: no tengas miedo, sigue creyendo, sigue confiando, sigue avanzando y vence al miedo. Jairo llegó a su casa, en la que todos lamentaban y lloraban la tragedia. Ese día una niña de 12 años fue restaurada a la vida y me pregunto cual habría sido el resultado si aquel hombre, vencido por la desesperanza, hubiera dicho a Jesús que ya no importaba, que lo dejara así, que quería llorar a solas, que no tenía esperanza. Nosotros decidimos si escuchamos las palabras del Maestro de la vida. Si puedes mantener tu confianza en que la vida exige avanzar, combinando la voluntad propia y la compañía Divina verás milagros. No me refiero necesariamente a resurrecciones físicas, pero si al milagro del alma que alcanza la conquista más importante de la vida, la de su propio miedo. Hoy es un día para seguir caminando, a pesar de que muchos puedan estar diciéndonos “ya no vale la pena”. Sigue caminando, el dador de vida te acompaña. Feliz día. 

martes, 24 de febrero de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: TRIUNFANDO

Triunfando
Por José Gil
Me detuve un momento al lado de aquel monumento del siglo XVI, testigo de tiempos y vivencias que hoy rondan entre memorias, mitos y leyendas. La tranquilidad de una mañana de domingo me permitió congelar, momentáneamente, mi entorno. Unos pocos transeúntes, abrigados a pesar del generoso sol, gaviotas evocando con su gemido la cercanía del mar, una brisa fría desde el Este, y el sonido de autos y transporte propios de este tranquilo septentrional pueblo de Europa. Aquella combinación de colores, sonidos y frio soleado sugirieron una palabra a mis pensamientos: éxito. Disfrutar, circunstancialmente, de la seguridad y el extraño encanto de esta región del llamado “primer mundo” es la meta de tantos colegas, paisanos y desconocidos, quienes ante las precarias condiciones en su tierra natal zarpan a otras latitudes en búsqueda de mejores oportunidades de éxito. ¿Cómo culparles? Están en su exploración, su búsqueda. Mientras caminaba meditaba en lo evasivo, momentáneo, peligrosamente adictivo y, por mucho que nos esmeremos, pasajero que suele ser el éxito. En el deporte, el campeón de esta temporada es una estadística en la próxima. En los negocios, las empresas “exitosas” de una década pueden quebrar en un día por un cambio en la economía. Incluso en las religiones, grandes y concurridos templos de ayer son viejos muros visitados apenas por pocos peregrinos. Aun así, la sociedad enfatiza el éxito, bien a través de “tener más” o recompensando un “buen desempeño”. Con razón nos dirigimos, a alta velocidad, hacia un muro de concreto en un callejón sin salida; el éxito nos ha distraído del diseño original puesto en nuestro ser interior: Victoria. Una vida triunfadora, victoriosa es muy distinta y superior al frenéticamente buscado éxito. ¿La diferencia? Mientras el éxito mide el esfuerzo puesto en alcanzar una posición reconocible, victoria implica una actitud de entusiasmo y plenitud para elevar nuestro ser interior. El primero es pasajero, la segunda permanece. ¿Te has preguntado la causa por la que tantos que alcanzan el éxito terminan su vida inesperada y solitariamente? En su afán entregaron la plenitud de vida para un éxito aparente, reconocido desde fuera, dejando en segundo plano, o abandonando, que el mayor triunfo es la satisfacción del espíritu. La cumbre del Everest de la fama, fortuna y poder suelen ondear banderas solitarias que nunca calmaron la sed de quienes entregaron todo para encontrarse solos en la cima. Seguí caminando, y más adelante vi a un hombre que, estimo, está en sus tempranos 50, tocando y cantando en una calle del centro. Al parecer fue un músico exitoso, a quien adicciones y miedos le llevaron a la quiebra, no solo material. ¿Sabes? Canta y toca la guitarra muy bien, ahora en la calle, recibiendo dadivas. Puede que ahora sea más rico que antes, al menos eso espero. Hay una leyenda en la que Hades, tras perder su poder perverso dice a Perseo “puede que ahora, sin poderes, llegue a ser más fuerte”. El éxito, en sus expresiones de poder, fama o fortuna, es evasivo, efímero, para quienes lo buscan como meta o destino. En cambio, victoria es otra cosa, es un alma impregnada de la voluntad para disfrutar el recorrido de la vida, incluso cuando el camino es empinado y la única recompensa anhelada es vivir armónicamente lo que nuestro ser interior pide, silenciosamente, a gritos. Es vivir conectado a la fuente de la que brota el entusiasmo y agradecimiento. Me parece hay tantas almas cuyo llamado interior es ser pintores, escritores, maestros de escuela, sembradores, exploradores, traductores, consejeros juveniles, pero cambian una vida plena y victoriosa para buscar el éxito social. No quiero aburrirte así que te comparto un último pensamiento en estas líneas.  Viene a mi mente un hombre de baja estatura, al parecer calvo, posiblemente divorciado o viudo, quien estando en una de sus varias prisiones envió cartas a algunos amigos. Dos frases resaltan de sus escritos “todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” y la otra “gracias a Dios que nos da la victoria”. ¿Ves la diferencia? Este es un hombre victorioso. Estaba viviendo el horror de la prisión, pero no estaba horrorizado. La miopía de su tiempo vio a Saulo como otro perdedor, pero en los anales de la historia…que gran ejemplo de victoria. Pienso en Mandela en Robben, citando a Henley “doy gracias al Dios que fuere por mi alma inconquistable…Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Oh sí, hay una gran diferencia entre el adictivo aroma del éxito y el compromiso de un alma con la grandeza que lleva a una vida de victoria. En esta mañana, que ya es tarde, doy gracias a la vida por mostrarme el camino para vivir en la victoria para la cual fui diseñado, manteniéndome en las alturas de la vida, conectado con Dios. Es mi deseo que tú, también, vivas en victoria. Feliz día.

sábado, 21 de febrero de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: EL JEFE

El jefe
Por José Gil
A través de la ventana del autobús miraba a algunos transeúntes caminando a paso acelerado, el frio y la lluvia hacían que el vidrio dejara correr gotas de agua que, acompañadas del silencio en la unidad me hacían pensar en el tipo de jefe que mis semejantes de esa mañana se encontrarían al llegar a sus trabajos. ¿Tienes jefe? En una escala del 1 al 10, donde 1 es invitarlo a almorzar el día de su cumpleaños y 10 un deseo de patearle el trasero ¿En qué escala colocarías a tu jefe? De repente vino a mi mente una historia relatada por Jesús, que había leído en mi vieja Biblia, en Mateo 21:28-31, y entendí que allí tengo una buena idea del tipo de “jefe” que Dios es. Un hombre tenía dos hijos, y le pidió a uno de ellos que fuera a trabajar en el sembrado, a lo cual respondió “no quiero”, pero luego, “arrepentido” fue. El padre también se acercó a su otro hijo y le pidió lo mismo, a lo cual respondió “si señor” pero no fue. Recordar esa historia hizo que la gratitud me abrazara al entender que lo invisible me estaba hablando al oído, una vez más. Fíjate en estas tres cosas que muestran el carácter del padre en esa historia: a) ofreció oportunidad a ambos hijos, b) aunque el primero se negó no la amenazó, manipuló ni sermoneó, c) Esperaba un trabajo voluntario. Debes tener algo en cuenta, el contexto histórico y cultural de esa historia permitía al padre imponer su voluntad, incluso por la fuerza, so pena de castigo moral o expulsión y hasta la muerte. El padre de esta historia me recuerda al de la parábola del hijo prodigo, y es aquí donde necesito decirte algo muy importante: Jesús está haciendo una analogía de ese padre con Dios mismo. Fascinante. Los religiosos de la época, igual que los de hoy, procuran imponer un Dios que, según ellos, hasta les puede pedir matar a quienes no se sometan, o mandar alguna centella sobre quienes no hagan caso, o puede que amenacen con alguna peste o maldición si alguien osa hacer algo distinto a “la voluntad de Dios”. No es ese el tipo de “jefe” que se nos presenta aquí, por el contrario, se nos presenta a un padre. Este es un tiempo en que tantas personas piensan en Dios como un amo tirano o castigador, lo que puede ser producto de una crianza sin amor o un ambiente de mucha superstición, dobles discursos morales y falsa religiosidad. La imagen del hombre suele influir profundamente en el concepto que los hijos tienen de Dios. Buenas noticias, aquí tenemos al hijo del hombre, Jesús, mostrándonos el verdadero carácter de quien le envió a recordarnos que la obediencia que se espera de nosotros es voluntaria, no por coacción ni por terror. Por otro lado, hay un lado de esta historia que debo meditar, ya no en cuanto al tipo de jefe que Dios es, sino en el tipo de “hijo” que yo sea. Tantas veces se me ha pedido que, voluntariamente, haga algo que sea de bendición a otros, obedecer a Dios atendiendo algo conforme a su propósito y carácter, y me he negado a hacerlo. También en muchas otras oportunidades en las que he recibido un pedido y he respondido “claro que lo haré”…y no lo hice. ¿Sabes? Jesús menciona a los que, luego, arrepentidos, obedecen, como los que a pesar de tener lo que llamaríamos un vergonzoso prontuario de desobediencia, llegan a tener una vida emocional y espiritual en armonía con la vida, consigo mismos, con Dios. ¿Los otros? Son considerados hipócritas que saben la respuesta teórica pero jamás actúan en armonía al amor, al servicio a otros, al propósito Divino. Alguien dijo que “cínico es quien conoce el precio de todo, pero no conoce el valor de nada”. He escuchado decir que “Dios tiene todo bajo control”, y no estoy seguro a que se refiere, pero mi Padre no es un controlador por fuerza, ni un manipulador de oficio, sino que me ofrece un lugar, un tiempo, y un espacio, para que sea colaborador suyo en la obra para armonizar nuestras almas con el propósito original con el que fuimos diseñados: compartir en servicio voluntario. Un último pensamiento que vale la pena meditar puertas adentro de mí ser ¿Las cosas que hago en la vida son expresión de un entusiasmo voluntario por ser colaborador de Dios? Estoy agradecido porque bajo la lluvia, camino a mi lugar de trabajo, esta historia me recuerda que mis actividades terrenales puedo cumplirlas con la actitud de quien ayuda a un Dios en su cuidadoso trabajo para cultivar el huerto de las almas, empezando por la mía. Feliz día.

domingo, 4 de enero de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Eso llamado..."pecado"

Eso llamado..."pecado"
Por José Gil
Me encontraba en la ciudad de San Cristóbal, en los andes venezolanos, atendiendo la invitación que me hiciera un amigo para aquel fin de semana. Al llegar me pidió que pudiera hablarle a un grupo de jóvenes amigos suyos, pero de tema inusual. Quería que hablara sobre lo que se llama “pecado” en la biblia. Por mi mente pasaron algunas ideas, de las que recuerdo que yo en ese tiempo había estudiado varias palabras del griego antiguo que se traducen como “pecado” en la escritura bíblica…pero si algo he aprendido es no sermonear con teología a quien necesita agua para la sed de su alma. Mientras seguía caminando algo llamaría mi atención, un olor muy característico: carne asada. Un olor que de inmediato le dice a tu cerebro que se acerque. Al pasar justo al lado de la brasa noté que no había carne asándose, lo que me confundió pues, si no había carne asándose, ¿De dónde venía el olor? Me detuve a conversar con el encargado y al compartirle mi curiosidad sobre el olor me dijo su secreto, que es parcialmente la causa de que te escriba estas líneas. Entre las brasas de los carbones había colocado grasa y tocino, que, al asarse, emite un olor poderosamente llamativo para el olfato de quienes degustan comer carne. ¿Te das cuenta del truco? Lo que atraía era el olor y, ese olor, guía al cerebro a pensar en “deliciosa” carne, pero lo que se vendía y consumía no era lo que te había atraído…un sencillo pero eficaz método de atraer compradores que, a la final, consumen algo distinto a lo que les sedujo. Con semejante ilustración de los espejismos y anzuelos que se nos presentan en la vida, me encaminé a hablar con los jóvenes y tenía algo importante que decirles: una característica que distingue a eso que llamamos pecado es que luce apetitoso y promete placenteros resultados, pero lo que terminas consumiendo no es lo que te prometieron, su aspecto es una distracción que puede ser tan sutil y aparentemente inofensiva como consumir una parrilla en la esquina, pero también tan letal como el poder, placer, fama o dinero, adquiridos a cualquier precio. Todo aquello que en la vida no sea el producto genuino, en el sentido de mantenernos en armonía con Dios, nosotros mismos y nuestros semejantes, actúa alejándonos del sentido mismo de la vida…a eso debemos llamar “pecado”.  Pasado el tiempo de aquella cotidiana vivencia, y aprendizaje, recuerdo una frase que un seguidor de Jesús le envió a amigos en una carta: “Porque somos fragante aroma de Cristo para Dios”. Me gusta pensar que, al escribir, Pablo estaba pensando en el olor de alguna rica comida degustada, o posiblemente en alguno de los sacrificios que presenció, o en el olor del incienso; pero la clave es que se refería a un olor “genuino”, que se eleva e impregna con lo que realmente es. Por eso seguramente el aroma del incienso que se eleva se compara a la oración sincera de quien pone su confianza en Dios. Mientras escribo estas líneas el entorno celebra el cierre del 2014, entre cohetones, música, comida y palabras de buenos deseos. ¿Me pregunto cuántos a esta hora estarán pensando las circunstancias en que, espiritualmente, han elegido seguir olores de confusión en la vida? Se podrían dar tantas vueltas teológicamente acertadas, pero hoy quiero decirte que, todo aquello que no es auténtico del alma, toda falsificación para alcanzar una meta o propósito…es pecado, hará sufrir y alejará de una vida plena, de estar en paz. Estoy agradecido con la vida porque podemos -y debemos- recordar que nuestro diseño original, nuestro ser interior, nos pide vivir en forma auténtica como aroma grato a Dios y referencia genuina a otros en el camino. Acabo de saber de una anciana monja, Francisca, que hoy partió  a casa, luego de una ancianidad dedicada a la caridad y pregonar la fe cristiana…me gusta pensar que su vida, y partida, hayan sido aroma grato, incluso al momento de partir, lo mismo que, eventualmente, nos tocará a ti y a mí, si elegimos el lado correcto de los aromas de la vida. Feliz día, feliz inicio de 2015.

domingo, 7 de diciembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: La niña y el pintor

La niña y el pintor
Por José Gil
Ese  domingo había ido a Ámsterdam para entrar a uno de sus principales museos, el Rijksmuseum, con gran expectativa por aprender algo de la rica historia artística de Holanda, plasmada en obras que datan desde los 1600, y que solo había visto en libros de educación artística en la adolescencia. El legado de Rembrandt, considerado el más notorio pintor holandés, y de los más importantes y famosos de Europa, me pareció realmente extraordinario. Una obra llamó en especial mi atención, “Los vigilantes de la noche”, los detalles de los tonos de colores y sombras parecen más de una fotografía tomada con una cámara moderna de alta resolución que un trabajo pintado a mano en 1642, realmente fascinante. Leí, ávidamente, la explicación sobre los detalles de esa obra, que presenta una interesante y jocosa curiosidad, pues detrás de varios personajes en la pintura se observa, parcialmente, el rostro de un joven que, según opinan los conocedores del tema, es el mismo Rembrandt, quien de ese modo legaría su propia imagen a través de su obra. ¿Qué le motivo? Pertenece al misterio de las emociones del ser humano, pero allí quedó plasmada su imagen. Fue un recorrido educativo que, además de recordarme la infinidad de cosas que ignoro, renovó mi admiración por lo que logra expresarse por esa cosa tan única llamada “arte”, que es como la sabia del alma sensible, en su deseo de expresar, en forma tangible, las emociones y sentimientos del ser. Recordé que según el relato bíblico, cuando Dios vio al ser humano insertado en la armonía creada “vio que era bueno en gran manera”. Su propia imagen y semejanza encapsulada en cuerpo y mente, diseñados para lo extraordinario. Al terminar el recorrido decidí ir a otro museo, relativamente cerca, en el que conocí algo de otro tipo de legado, otra historia, no jocosa, muy distinta, obra de arte legada por una niña que sufrió los rigores de la guerra: Anna Frank.  Emotivo ver algunas de las páginas escritas durante su cautiverio, caminar la angosta e inclinada escalera que conectaba los pisos entre aquellas estrechas habitaciones de la Ámsterdam de 1943, la falsa biblioteca que daba acceso al escondite. En solemne silencio leí en las paredes traducciones de algunos de sus escritos, indicando que debían guardar silencio casi todo el tiempo para evitar ser descubiertos. Escuché audios y vídeos de los 90, en los que dos sobrevivientes, que le conocieron, compartían algunas cotidianidades y hablaban de lo que Anna era…una niña, enfrentando la violenta y cruenta estupidez de la guerra. Ese museo es, en realidad, la casa donde 8 personas, entre ellas Anna, se ocultaron hasta ser descubiertos en 1943, no se sabe si delatados, y llevados a campos de concentración, donde la niña murió. El momento culminante, que me motiva a escribirte hoy, fueron unas líneas escritas por esta niña en su diario, algunas cotidianas, otras melancólicas y reflexivas, pero todas contentivas de una sensibilidad que expresa la nobleza de quien no se marchita aunque el odio y la sinrazón de la violencia le hostiguen. Frases como “a pesar de todo sigo pensando que la gente es buena”, “mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que hay pureza en ti, y que, pase lo que pase, volverás a ser feliz”.  Ahora, recordando el recorrido por la que fue su habitación, con aquellos recortes de fotos pegados en la pared y ventanas forradas con tela negra por dentro para no ser vista desde la calle, cierro mis ojos y repaso una parte de su escrito que recordaré “quiero que algo de mi perdure, después de la muerte”. Trascender, perdurar, legar, continuar viviendo, incluso después de la muerte. Solo el pincel de un alma impregnada de vida y amor puede dibujar un cuadro de esperanza desde una cruenta guerra y una humillante prisión. No me entiendas mal, no hago culto a la persona, la historia de Anna es la misma que vivieron cientos de miles de almas, pero su legado nos permite hoy, casi sesenta años después de terminada la guerra, además de recordar el sufrimiento de tantos, recordar la esperanza de algunos. Me hizo recordar unas palabras escritas al final de la biblia, donde dice“dichosos quienes mueren confiando en Dios, pues sus obras continúan con ellos”. Es la forma de decir que su legado perdura incluso después que ellos se van a casa. Estoy agradecido por haber estado en presencia de dos legados importantes del arte de mi especie; ambas ocupando su momento y sitio en la historia, pero lo que más atesoro es ser testigo del arte que sobrepasa a los demás, el que brota del alma cual semilla hecha árbol luego de morir en tierra: esperanza, plasmada en lienzo que no enmohece ni expira pues sobrevive incluso a su sembrador. Ahora me pregunto, y te animo a preguntarte ¿Cuál es nuestro legado? Porque todos, sin excepción, tenemos el diseño de la grandeza en nuestro ser, aunque con demasiada frecuencia nos dejamos vencer por el desánimo del entorno que nos toca vivir. Si este fuera mi último día sobre esta tierra ¿Qué me gustaría legar para que otros encuentren esperanza en un mundo donde su escasez de acentúa con el pasar del tiempo? Hay un artista en cada uno de nosotros, puesto allí por Dios, para que florezca y sea una referencia a nuestros semejantes. Ese es al artista dormido, puede que moribundo, que Jesús vino a abonar para que florezca. Una niña y un pintor me han permitido ver dos formas de querer dejar algo como herencia a quienes les sobrevivirían, y me anima pensar que si mi legado está impregnado de esperanza…no habré vivido en vano. Feliz día. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Segundas oportunidades

Segundas oportunidades
Por José Gil
Esa mañana había salido con buen tiempo para tomar un tren que me llevaría a la ciudad de Voorburg, en la que a primera hora debía estar para cumplir un compromiso de trabajo. El día anterior había abonado saldo a una tarjeta de embarque en el tren y tenía suficiente saldo para hacer unos cuantos viajes sin problema. Al llegar a la estación pasé la tarjeta por el dispositivo de lectura y ubiqué el andén número 6, donde vi el aviso que confirmaba la hora y destino, ese era mi tren. Confiadamente subí y tomé asiento. Las puertas se cerraron y se inició el  recorrido, entonces ocurrió lo que me motiva a escribirte hoy. El controlador del tren vino para verificar que los pasajeros hubieran pagado su viaje y el primer pasajero que revisó fui yo. “Hay un problema” me dijo, y yo me sentí preocupado pensando en todo menos en lo que me diría después…”su tarjeta está bien y tiene saldo, pero este viaje no fue cargado al sistema”. Para ese momento ya algunos pasajeros miraban al cara de latino o árabe, posiblemente pensando que era un coleado. Si fuese uno de esos X-Men habría mutado mi rostro para esconder mi rubor…justo cuando yo venía tan confiado de que estaba haciendo todo bien. Sin inmutarse el controlador me observó severamente e hizo una pregunta “¿Se aseguró que la luz del dispositivo se encendiera al pasar la tarjeta?” Creo que mi estatura se debe haber recortado unos cuantos centímetros…”no recuerdo”. Una vez más me miró y dijo “¿A dónde se dirige?” Justo en el momento que por el altavoz se oía una voz metálica “la próxima estación Voorburg”. Era donde me correspondía bajar, pero un descuido antes de tomar el tren, me enfrentaba a una inusual vergüenza, sin contar una posible multa o algo más severo. No había prestado atención a la luz verde al pasar mi tarjeta. Desconozco si fue su percepción de que no le mentía o su sensibilidad ante un extranjero visitante, o ambas, pero la frase final del controlador para mí fue “debe poner más atención la próxima vez”, y sonriendo me advirtió “no pase la tarjeta al salir o será multado”. De modo que, avergonzado, viaje gratis, porque la autoridad del tren mostró gracia aunque también advirtió justicia. Me dio una segunda oportunidad, decidió confiar que la próxima vez yo mantendría la intención de hacer lo correcto pero además pondría atención a los detalles importantes. Ahora, me pregunto, cuál habría sido mi decisión si yo hubiese estado en los zapatos del controlador, en un país organizado hasta en mínimos detalles, cuyos pocos casos de delincuencia suelen estar asociados a “visitantes” y, tan temprano, toparse con un sospechoso de estar aprovechando su sistema y estilo de vida. ¿Qué habrías hecho tú conmigo? Algunas veces somos severos al emitir juicios a otros, pero una voz en nosotros tantas veces grita por benevolencia. Con demasiada frecuencia superficialidad y religiosidad  nos hacen sentenciar a algún “avergonzado” en el camino, cuando nosotros mismos hemos sido tantas veces beneficiado por segundas oportunidades. Una de las cosas más maravillosas de la vida se produce cuando una segunda oportunidad nos es regalada, aunque merecíamos vergüenza y multa. ¿Alguna vez tuviste esa rara sensación de caminar sobre una cuerda floja entre la vergüenza y tu destino? Puede que me equivoque pero me parece que todos, en el sentido espiritual, en algún momento, hemos estado en ese vagón, incluso algún santurrón que enviaría a todos al infierno. Viene a mi memoria historias cuando Jesús tuvo un encuentro con personas que estaban en un vagón del tren de la vida del que merecían ser expulsados, y ¿Sabes cuál fue su sentencia? “Ve, y no peques más”. A un religioso de su tiempo le preguntó si un acreedor perdonaba a dos deudores, el primero una gran deuda y al otro una más pequeña ¿Cuál amaría más a quien perdonó? La sabia respuesta: aquel a quien más se le perdonó. Si pudiéramos trascender al nivel de las oportunidades que hemos recibido disfrutaríamos una actitud de agradecimiento que nos daría una armonía interna que reyes y generales han buscado en las guerras equivocadas. Tengo buenas noticias para ti. La vida ofrece segundas oportunidades porque la persona con autoridad la ofrece: Jesús. Segunda oportunidad para recuperar una imagen deteriorada, sanar heridas, recuperar un dialogo perdido. Me gusta saber que el controlador del tren de la vida tiene la autoridad para bajarme, multarme y hasta hacerme detener…pero mira mi condición y me ofrece una oportunidad de hacerlo mejor. Me gusta pensar que la vida me dice “José, sé que puedes hacerlo mejor, eres libre, estas absuelto, ahora haz las cosas bien y pon atención para hacerlo mejor…aprende y avanza”. El Dios en el que creo tuvo firmeza de carácter para expulsar a quienes robaban en su nombre, pero también la sensibilidad para decir a los que viajaban sin pagar “ve, y no peques más”. Soy un alma agradecida porque ese controlador de tren me permitió recordar, esa mañana de invierno, que alguien, en un caluroso día de primavera, me absolvió para que no viviera en vergüenza, sino disfrutando una segunda oportunidad. Ahora puedo incluso aprender suyo para dar segundas oportunidades en el camino. Agradece y disfruta tu segunda oportunidad, y extiéndela a otros. Feliz día.

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: La plegaria del valiente

La plegaria del valiente
Por José Gil
Caminaba por el centro de la ciudad de La Haya, era Domingo, temprano, y muy pocos transeúntes se veían por aquella usualmente concurrida calle. Aprovechaba que el sol regalaba algo de calefacción gratuita y la tranquilidad y silencio del entorno. Antes de llegar a una esquina vi a mano derecha un montón de mis artículos preferidos: libros. “Librería central Americana” decían unas letras color azul en la entrada. Estaba abierta, así que entusiasmado entré. Mis ojos recorrían algunos títulos, algunos de los cuales no entendía por cierto, cuando encontré un estante con el título “libros en español”, y me dispuse a mirar títulos y autores. Benedetti, Borges, Allende, figuraban entre los destacados. Fue curioso mirar “El largo camino hacia la libertad” de Mandela al lado de otro libro, escrito por cierto personaje de la política norteamericana cuyo nombre me reservo…sonreí y conversé puertas adentro de mi alma, si coexistieron en el planeta ¿Por qué no en una librería? En cierto momento tomé del estante un libro y leí, al principio de uno de sus capítulos, una frase que, de inmediato, hizo conexión conmigo: “Nunca estas solo, no tengas miedo aunque el camino se haga largo”. Tal frase inscrita en la biografía de un joven que enfrentaba un cáncer terminal me recordó el porqué de cuando en cuando mi alma se pone de pie para aplaudir a guerreros, a valientes que, anónimamente, libran una batalla más digna que muchas de las absurdas que la historia -y quienes la escribieron- han querido elevar para alimentar patrioterismos superficiales. La batalla en la que cada alma enfrenta sus gigantes, sus demonios, sus pruebas…como lo queramos llamar. Me fascinó que incluso en su hora menguada ese joven, lo mismo que tantos otros, descifran la clave para derribar al Goliat en su Valle de Elah. No estamos solos. Nunca, jamás estamos solos. Cuando leo algunos de los escritos que algunos de tales valientes han dejado percibo algo en común, un sentido de lo eterno, de lo que permanece, de algo que trasciende a la vida física. Lo llamo alma, y cuando el valiente enfrenta al gigante, sus acciones, tanto o más que sus palabras, son una plegaria que dice “no estoy solo, venceré”. Ahora déjame decirte lo que me motivó a escribirte estas líneas. Una cosa que ya no es tan inusual para mí es que, apenas unas horas antes de entrar a aquella librería, había participado en un dialogo sobre la soledad y el valor, sobre el vacío y miedo que puede producir en un alma el sentimiento de soledad. Entendí que no estaba allí por casualidad. Estaba allí para encontrar una respuesta que compartir, procedente no de quien disfruta el andar en una cómoda y segura ciudad de Europa, sino de un joven que enfrentó a un gigante llamado cáncer sin perder el valor. ¿De dónde viene la fuerza de este tipo de valientes? De su confianza en Dios. Cínicos y mercaderes de fe han poblado estantes de la baratija de la historia, pero la sección de valientes suele estar ubicada en autores anónimos cuya intención no fue vender, dominar ni manipular sino que la victoria era el destino de su alma, aunque no contaron con compañía humana en muchos de sus tramos. Mientras caminaba de regreso para plasmar estas líneas recordé una de los pasajes más atesorados de mi vieja Biblia, son palabras que Dios dice a un solitario joven procedente de una familia disfuncional, desechado en muchos aspectos, pero con un corazón valiente. Dios le dijo a ese joven: “Aunque tu padre y tu madre te abandonaran, yo nunca te abandonaré ni te dejaré”. Pienso en mi madre, enviudando con 37 años, sin trabajo, dinero ni profesión, justo el mismo mes que la casa alquilada en que vivíamos se derrumbara, ya tiene 73 y proclama a vecinos y amigos que “nunca ha estado sola”. Pienso en aquella amiga cuyo esposo fue asesinado frente a su casa, en quien injustamente fue humillado y echado de su trabajo para enfrentar una crisis económica que había llevado a algunos incluso al suicidio…si, la soledad es un gigante temible y terrible, pero entonces el alma valiente eleva su plegaria: “no estoy solo, venceré”. ¿Sabes? Nunca estarás solo o sola, naciste con los ojos de Dios sobre ti, una compañía que se manifiesta a través de otras almas, pueden ser familia, amigos o los samaritanos del camino, pero siempre has estado en compañía, siempre. Pienso en Jesús diciéndole a sus seguidores que “los ángeles que cuidan a los niños ven el rostro del Padre cada día”. Estamos acompañados, la soledad nos pone en estado de sitio solo cuando sacamos la vida de su contexto intelecto-espiritual. La tristeza puede invadirnos en tiempos peligrosos. Pienso en aquel viejo profeta deprimido que pensaba ser el único que continuaba confiando de Dios. ¿Sabes la respuesta Divina? Ponte de pie y anímate, porque “yo te mostrare que hay siete mil que me son fieles”. Imagínate, Elías pensaba estar solo pero había siete mil valientes como él. ¿Imaginas cuantas almas valientes están ahora mismo, igual que tú, enfrentando su batalla mientras elevan su plegaria? No son plegarias de desespero, aunque algunos pasajes de la vida son feroces, son la plegaria de quien sabe que Dios la acompaña en dos formas: externa a través de otras almas y ángeles (sus agentes secretos infiltrados en territorio hostil), e interna, avivando esa confianza que nace dentro de nosotros. En este día mi alma aplaude de pie a los valientes del camino, a los que van dejando una huella que vale la pena seguir y celebrar, a los que anónimos se levantan contra la injusticia, el miedo, se esfuerzan a favor de recuperar la dignidad del alma. Me gusta pensar que, en sus propias palabras, algo en su ser interior les hace confiar “no estoy solo, venceré”. Quiero hacerme eco de esa plegaria: “no estás solo, vencerás”. Feliz día.