lunes, 21 de septiembre de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Imitadores

Imitadores
Por José Gil
Me dirigía al taller para hacer revisar mi camioneta que, nuevamente, tenía uno de esos ruidos que anunciaban que la falla, fuese cual fuese, urgía reparar, bien porque el ruido evidenciaba un daño severo o porque rebasaba la paciencia de mis oídos. Llegaba al cruce de dos calles de tráfico fluido y me detuve por la luz roja del semáforo. Miré por el retrovisor que dos motorizados se acercaban y se disponían a pasar por el espacio que quedaba entre mi vehículo y la acera. Cuando ya estaban bien cerca vi que llevaban uniforme de policías, lo que, hasta cierto punto, relajó la alarma de seguridad en mi cerebro. En una ciudad como Maracaibo estar atento es mandatorio, incluso de uniformes. Redujeron la velocidad y conversaban. Ocurrió algo que motiva, en parte, a escribirte hoy. Uno de los uniformados, pocos metros delante de mí, se pasó la luz roja sin sonar alarma o encender alguna luz distintiva que justificara la infracción. Flagrantemente, el uniformado para hacer cumplir la ley violaba una norma básica, en sitio concurrido, hora diurna, a plena vista. ¿Qué ocurrió luego? El otro patrullero le siguió en su infracción, réplica instantánea de un acto que, si bien puede ser visto como insignificante, anuncia que la suma de muchas “pequeñas” vilezas evidencia una sociedad envilecida. Seguí mi recorrido y recordé una investigación que había leído sobre las llamadas “células espejo”, generadas en y por nuestro cerebro, causantes de nuestra capacidad para reproducir acciones y emociones. Esas microscópicas amigas nos hacen llorar cuando vemos a alguien llora, reír o hasta caminar de cierta manera observada. Ser testigo de aquella conducta y nuestra capacidad para imitar acciones y emociones me ha hecho considerar: ¿A quién imito? ¿A quién trato de emular con mis acciones? Vi recientemente a una comunicadora pateando a un par de inmigrantes que, huyendo de la guerra en Siria trataban, frenéticamente, de entrar a Europa. La explicación de la avergonzada reportera fue que “por el caos del entorno reaccionó de forma equivocada”. Los expertos nos dicen que imitar es una forma primaria e instintiva de aprender, imitamos desde niños, luego le sumamos nuestro carácter y criterio, con lo que vamos forjando una conducta, un comportamiento personal que llega a ser colectivo. El problema surge cuando nuestro entorno está plagado de malos ejemplos, pues la conducta puede copiarse con la misma eficacia que las redes sociales comparten fotos o videos que se hacen “virales”. Risible tragicomedia del siglo XXI la llamada rebeldía en la que tantos reclaman su derecho a ser “ellos mismos” sin imitar “viejos” patrones, pero suelen terminar creando “nuevos” patrones que otros imitan rápidamente. Una corriente social de no alineados a la moda vieja, que, imitándose entre sí, crean una moda nueva. Prescindimos del objeto de imitación, pero conservamos la práctica de imitar. Tenemos un desafío como individuos y colectivo: procurar valores y conductas de un estilo de vida más elevado. ¿Dónde se pueden hallar esos valores? La mejor respuesta: en ti, en mí. Cuando la degradación parece inundar lo colectivo solemos esperar que “del cielo” venga un rescate, o miramos a los lados buscando a otro que imponga orden. La historia ha mostrado que tal espera es un grave error. En realidad, el primer paso es detener mi tendencia personal, instintiva, de imitar sin pensar, de imitar conductas que me degradan, dar el primer paso comienza con mi propia vida, mi convicción, mi deseo de que la bondad se extienda. Luego podré esperar que otros imiten y eso no es algo que se impone. La bondad no se impone o sería una vileza disfrazada. Con demasiada facilidad caemos presa de imitar lo que la mayoría haga y eso suele ser causa que nos degrada. Me gusta pensar que la Divinidad ha puesto en nosotros elementos físicos y emocionales para ser consecuentes unos a otros, para la solidaridad, para nutrir un sentido de afecto colectivo que nos permita respetarnos en acuerdos y desacuerdos. El peligro es que descuidamos la nutrición de nuestra mente con valores y principios de altura, y una persona, familia o sociedad con mente desnutrida será presa fácil de la violencia y los miedos. Fuimos diseñados para la grandeza, pero si descuidamos nuestros valores intelecto-espirituales terminamos degradados a un nivel sub-animal. Deseo terminar estas líneas con el eco de aquel llamado desde mi ser interior ¿A quién imito? ¿Quién goza de la confianza, respeto o admiración como para imitarle? Pregunta que exige una respuesta personalísima. Cierto hombre envió una carta a sus amigos en la que incluyó una frase que luce, al menos para mí, como una excelente respuesta “sean imitadores de mí en la medida que yo lo soy de Jesús”. No se refería al utilizado por mercaderías religiosas sino al Jesús que modeló una vida de altura espiritual en armonía con Dios, consigo mismo y sus semejantes, para que por su ejemplo, nosotros también, alcancemos la altura para la que fuimos diseñados. El reloj de la historia parece estar sonando su alarma, llamando a mantener encendida la luz de la bondad. No pocos consideran que vivimos la antesala a eventos tormentosos a escala mundial, que incitaran a miedo, odio y violencia…entonces percibo la voz de la vida en su desafío ¿Imitarás el caos de lo degradado o mostrarás la luz que ha sido puesta en ti? Feliz día. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Aplaudiendo al chef

Aplaudiendo al chef
Por José Gil
Por segundo día cenaba en aquel restaurant, complacido por una atención cálida y profesional que, gustosamente, quise volver a disfrutar. Un ambiente sencillo, amplio e iluminado, sin estridencia alguna. Podía escuchar a otros comensales, agradado de lo que parecía un acuerdo para que cada conversación quedara limitada a cada mesa. Como tantas cosas de la vida, la discordante excepción, una mesa a mi izquierda, desde la que se oiría el golpe dado por el hombre a la madera, produciéndose un ruido como si los vasos y platos se fuesen a romper. Un silencio, miradas de sorpresa y asombro, la mujer se levantaría e iría. Unos pocos segundos y de vuelta a disfrutar del ambiente, centrado en degustar comida y atención. Debe haber transcurrido poco menos de una hora cuando, de repente, se escuchó el encendido de un sistema de sonido y alguien se dirigió a los presentes para hacer un anuncio. El personal de la cocina había sido invitado a salir de su sitio de trabajo y presentarse a los clientes, lo que generó espontáneos y nutridos aplausos. Fue la confirmación que se había disfrutado comida y servicio, un trabajo bien hecho. Quien parecía el jefe de personal mencionó el nombre y país de origen de cada uno de los empleados, todos y cada uno aplaudidos. Al mencionar al chef principal…los aplausos fueron más audibles y una que otra voz eufórica lanzó elogios. Fue la primera vez que presenciaba algo así: aplaudir al chef. Como si el flash de una cámara en la noche iluminara mis pensamientos aquella vivencia me hizo pensar en quienes desde un lugar no siempre visible se esmeran en ofrecer lo mejor para servir a otros que puede ni lleguen a conocer personalmente. Pensé en los muy pocos platos que puedo preparar y mi reducida destreza para sazonarlos, así que con más ganas aplaudí. Más tarde, ya en la cama, pensaría en el trabajo de aquellas personas, en que disfrutamos su trabajo aunque rara vez conozcamos su rostro o nombre, y que sea algo inusual que pasen al frente para ser aplaudidos. El minucioso y privado trabajo de una buena cocina me hizo considerar algunos aspectos de la vida misma, que hoy me llevan a escribirte. Es un hecho en nuestra llamada sociedad moderna que tantos busquen fama o fortuna solo por el placer mismo de ser reconocidos o envidiados y; al otro extremo, el trabajo esmerado, honesto y discreto de tantos que no siempre es apreciado justamente. El ambiente de aquel restaurant disponía buena luz, sonido y una limpia mantelería; pero fue la comida la principal razón que nos congregó. Seguramente hubo esmero de quienes pusieron manteles y revisaron lámparas, pero si la comida era mala - como pasa a veces en la vida- todo habría sido inútil decoración. Entre tanto, chef y colaboradores, cuyo servicio marca diferencia entre un comensal feliz o alguien enfermo del estómago, trabajaban en lo discreto de la cocina. Traté de imaginar su emoción al ser puestos al frente para ser aplaudidos por quienes, si bien estaban pagando, agradecían lo que consideraron un trabajo bien realizado. ¿Me gustaría ser aplaudido? ¿Reconocido? En un sistema de valores que aplaude al más ágil, fuerte, rico, rápido o inteligente ¿Busco fama sin considerar mi esfuerzo o doy lo mejor de mí y dejo que la vida fluya el resultado que corresponda? ¿Entiendo que el reconocimiento que vale la pena es el que resulta de hacer las cosas bien en “la cocina” de la vida? Una desmedida ambición empuja hacia fama sin esfuerzo, preparación ni dedicación; lo que es semejante a servir platos sin aprecio por quien espera degustarlos. En ese punto de mis pensamientos vino lo que considero preguntas claves para mi vida ¿Cuál es mi motivación, quien es el chef y quien el comensal que espero deguste lo que sale de la cocina de mi vida? Alguien escribió a sus amigos lo que considero la mejor respuesta: “todo lo que hagan, háganlo con entusiasmo y dedicación, como si lo hicieran para servir a Dios y no solo a las personas”. Visto así hay debería haber una  actitud de grandeza en cuanto hagamos. Existen quienes ponen empeño y entusiasmo, los excavadores que han aprendido el hermoso arte de extraer los tesoros que la vida puso en su alma. Una persona, una familia, una empresa, una nación, es aplaudida en la medida que quienes la integran sazonan con entusiasmo lo que hacen para servir a otros. Esto es válido en el nivel material de las cosas y, aún más, en lo intelecto-espiritual. Exquisito el aplauso de almas agradecidas. Te invito en este momento a hacer un ejercicio mental: imagina que te encuentras en un lugar discreto, iluminado, sin estridencia alguna, en el que se encuentran almas agradecidas por tu servicio dado a ellas. Entre los presentes hay algunos que se regocijan por “algo especial” que serviste. Entonces, oyes una voz amiga por el sistema de sonido “aquí tienen a (tu nombre), de Venezuela, su servicio fue cortar vegetales y aderezar ensaladas…es un amado colaborador...amigo del cielo”. ¿Lo puedes imaginar? ¿Te emociona? A mí me emociona, atesoro esa esperanza más que todo el dinero del mundo. Veo a Jesús como el chef principal de la cocina de mi vida, veo almas cuyos caminos cruzan el mío como los comensales enviados para que les sirva, y a Dios como el jefe del personal. Pon lo mejor de ti en todo cuanto haces, comparte. Los aplausos llegarán en su tiempo. Has sido dotado para que prepares un platillo especial. Algunos en tu entorno pueden ni darse cuenta del amor invertido en cuanto haces, otros estarán conversando sus negocios y planes para la fama, puede que haya quien se levante y aleje, luego de golpear la mesa de su amargura…de todos modos esmérate en lo que haces, sirve como a quien sirve a Dios. Hay almas que agradecerán por tu vida con un sensible aplauso, incluido Dios. Nos vemos en la cocina. Feliz día.

lunes, 31 de agosto de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: El cuidador del oasis

El cuidador del oasis
Por José Gil
Recién pasaba del mediodía, la temperatura besaba los 40 grados centígrados, para aquella hora esperaba haber avanzado más en el recorrido, pero habiendo aprendido que la mejor forma de viajar es sin prisas, tomando pausas que mente o cuerpo pidan, me detuve sin gruñir la necesidad de ir al baño. Mientras llenaba el tanque de combustible, pregunté al empleado si había baño: “si, adentro en la oficina”. Debe haber notado en mi rostro la duda para entrar al concurrido y reducido espacio, así que agregó: “puede usar el de atrás, el viejo”. Con algo de humor le di las gracias y comenté “no hay problema, los hombres hacemos de pie” y mientras ambos reímos me dirigí a la parte trasera de la estación de gasolina. Estacioné mi camioneta a la derecha de la puerta del baño, dejando una distancia prudente con un enorme camión estacionado al frente. Al acercarme a la puerta observé a un hombre sentado en un murito, pensé que sería el conductor del camión o quizás esperaba a alguien. Bocanadas de aire limpio antes de entrar al lugar, preparándome para la precariedad de higiene que suele sufrirse en estos lugares en carretera. Sorpresa! pues encontré un baño impecablemente limpio a pesar de su clara antigüedad. Puse poca atención a un familiar sonido de fondo pues pensaba pasar solo unos pocos segundos antes de seguir mi ruta. Me disponía a lavar mis manos cuando noté que el hombre visto afuera ahora estaba de pie en la puerta. Aseado, erguido, de aspecto apacible. Se inició un dialogo en el que, una vez más, lo invisible produjo un encuentro de almas que transitan el sendero de la vida en búsqueda de respuestas, y que motiva el que te escriba estas líneas de hoy. Le pregunté si era quien limpiaba aquel lugar y respondió “si, y mantengo las duchas”. Inmediatamente me di cuenta la causa del sonido de fondo del lugar…habían tres puertas con la inscripción “DUCHAS”, y una de ellas estaba siendo utilizada, por quien inferí era el chofer del enorme camión. Espontáneamente dije al cuidador “usted tiene un oasis aquí, le felicito por lo que hace”, manteniendo limpio aquel sitio en una calurosa carretera, donde el viajero pueda tomar una pausa para refrescar su andar. Percibí humildad al decirme “no crea señor, el agua sale muy caliente a veces y no sé qué tanto se puedan refrescar”. Igual es agua limpia, le dije; y de seguro los conductores de largas distancias la aprecian. Mientras caminaba de salida le pedí que me siguiera, quería regalarle algo. Las propinas representan el ingreso para la vida de quienes proveen este noble servicio y aquel hombre estaba haciendo un buen trabajo en un sitio que, seguramente, la mayoría preferiríamos visitar solo cuando el cuerpo no pueda esperar. Yo había sacado algo de efectivo de un cajero automático y aun tenia los billetes juntos, de modo que –discretamente- tome uno y lo extendí a aquel cuidador de oasis de carretera. Agradeció, lo recibió y se alejaba cuando noté que miraba el billete en sus manos y se volvió hacia mí. Me hizo una pregunta para la que no estaba preparado: “Disculpe señor, pero ¿Es usted un místico?”. Debe haber notado la sorpresa en mi rostro pues de inmediato explicó el motivo de su pregunta. El billete que le di tenía una numeración terminada en su año de nacimiento, y él estaba de cumpleaños, me dijo que llevaba varios años trabajando allí, compartió su nombre completo, y de inmediato sacaría su cedula de identidad, mostrándomela, supongo que para dar veracidad a sus palabras. Le dije mi nombre completo, sonrió y dijo “tenemos el mismo nombre señor, un buen nombre”. Sus ojos se humedecieron al decirme que un sobrino había ido a verle, viajando desde una lejana ciudad, para felicitarle y decirle “su familia le ama tío, no se sienta solo, lo esperamos”…en ese momento de su historia supe, de alguna forma, que no había sido casual mi salida tardía, mi repentina necesidad física, que usualmente yo habría preferido usar el baño de la oficina, las palabras de aquella anciana amiga un día antes al referirse a “la presencia Divina y propósito para compartir lo espiritual” de mi existencia. En milisegundos supe que lo invisible me había invitado a estar allí a esa hora, para compartir de lo mucho que me ha dado y para confirmar su grata compañía. Mi entrada a aquel sitio fue oportunidad para decirle a un caminante de la vida, uno solitario que creía haber sido olvidado, con toda la convicción de lo que soy capaz, lo que la vida me ha ensenado…y me escuché diciéndole “amigo José, nunca estamos solos, siempre estamos en compañía de lo Divino, incluso en este sitio donde has estado apartado…Dios te anda buscando”. Una pausa, un silencio, dos hombres mostraron discreta emotividad, propia de momentos cuanto lo infinito evidencia su contacto en forma palpable. Mi alma agradeció haber sido bendecido con la humildad y servicio prestado por el cuidador de un oasis de calurosa carretera; la emoción de haber sido, en alguna forma, colaborador de su propia búsqueda del camino a casa; y la afirmación que la bondad se origina en lo invisible de la vida y aguarda, pacientemente, que permitamos ser un medio para materializar acciones y afectos visibles a nuestros ojos y la de nuestros semejantes. Fue escrito que “lo que se ve fue hecho a partir de lo que no se ve”. Quiero despedirme recordándote que en el andar de la vida, nuestras almas, lo mismo que nuestros cuerpos, suelen necesitar un lugar para refrescarse; que existen quienes se dedican a tener buen cuidado de que podamos disfrutar ese refrigerio espiritual y, en especial, que también nosotros podemos ser portadores de un mensaje Divino a los que, por causas de su propio andar, pueden haber llegado a sentir que estaban abandonados…recuérdalo, recuérdales, que no lo están, lo Divino nos busca. Feliz día.

viernes, 14 de agosto de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Los guardaespaldas

Los guardaespaldas
Por José Gil
Salía de aquel restaurante y observé dos hombres sentados a la puerta, traje y corbata, uno de ellos llevaba colgando de su cuello lo que parecía una placa de identificación policial. Eran escoltas, guardaespaldas. Apresuré el paso para alejarme de su entorno, presumiendo que portaban armas para el resguardo de quien paga sus servicios. Mientras me alejaba mis pensamientos recordaron la inseguridad y violencia imperante en Venezuela. Las cifras de muertes violentas son, prácticamente, un parte de guerra, y algunas personas han decidido contratar servicios de guardaespaldas. Recordé aquel viaje de trabajo a Perú, a finales de los años 90, cuando grupos paramilitares aun secuestraban y asesinaban. La sorpresa cuando, a pesar de mis rasgos y acento indiscutiblemente hispanoamericanos, la empresa había asignado 2 escoltas que, desde mi arribo y hasta la partida, me acompañaron. Aun sonrío al rememorar aquella mañana cuando, visitando un templo, uno de ellos vino para pedirme que nos fuéramos porque habían visto un auto sospechoso entorno. Medito esas vivencias pasadas y presentes, que parecen no tener espacio ni tiempo entre su ocurrencia, y la voz que dicta desde el ser interior susurra para hablarte sobre otro tipo de guardaespaldas, dos para ser especifico. Sobre ellos escribió un rey y, en sus propias palabras, le seguían continuamente. Interesante que él vivió bajo amenaza de muerte por enemigos externos y en su misma familia; sin embargo, en lo que muchos consideran su escrito más destacado, se refirió a los que eran dos guardaespaldas a tiempo completo. David escribió “…ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida…”.  La expresión “seguirán” implica la idea de custodiar, acompañar como protectores a tiempo completo, 24x7 como suele decirse. Un joven pastor de ovejas que se convirtió en rey, acumulando en su camino profundos amores y terribles enemigos. Al momento de escribir la joya espiritual que legó en el Salmo 23 menciona, por su nombre, a los que consideró sus dos más cercanos y fieles guardaespaldas: el bien, la misericordia. A juzgar por la biografía que se dispone de David, vivió muchos días de aislamiento, menosprecio, traiciones y persecuciones. Sin embargo, aquí tenemos a alguien haciendo balance de su vida y proclamando que la vida le ha rodeado de bondad y misericordia. ¿Te das cuenta? Hay una poderosa lección de vida para ti y para mí en esta expresión del salmista: con nuestra actitud y percepción de la vida escogemos que tipo de guardaespaldas emocional y espiritual nos acompaña. David tenía una especie de amnesia selectiva para olvidar malos tiempos. Algunas almas suelen ver la mitad vacía del vaso, otras aprecian el valor de la mitad que contiene el fluido que sustenta la vida. Cuando el miedo cierne la sociedad ha convertido casas en celdas, blindado sus autos y hasta contratado guardaespaldas. No los culpo, sus vidas caminan sobre cuerdas flojas, lo mismo que sus emociones. Permíteme preguntarte algo: en el plano intelecto-espiritual ¿Quiénes son los guardaespaldas de tu vida? Cuándo haces el balance de lo vivido y lo compartes a propios o extraños ¿Te refieres al bien y la misericordia que has presenciado y disfrutado o al miedo de la violencia imperante? Yo decido, tú decides, quienes te escoltan puertas adentro del ser. La presencia Divina para el escritor del Salmo 23 fue algo muy superior a rituales o cliché religiosos, era un asunto de compañerismo cotidiano…”todos los días”. Incluso los días cuando fue poco apreciado en su seno familiar, días cuando se escondía en una cueva asquerosa, días de burla de su primera esposa, días de traición de su hijo, desobediencia del comandante de sus tropas, odio de vecinos al norte y sur, hasta días de dolor y llanto por sus hechos vergonzosos. Su testamento emocional y espiritual es el de un alma que proclama la supremacía del bien y la misericordia; recibida de lo Divino y compartida con sus semejantes, que le dieron victoria sobre la oscuridad del miedo, el odio y la ignorancia. En días como estos, donde tantos parecen necesitar guardaespaldas, cuyas razones de contratar tal cuidado puede que ni queramos conocer, vale la pena preguntarnos ¿Quiénes escoltan mi alma en este recorrido que llamo vida? Te invito a que permitas a estos dos guardaespaldas del cielo acompañarte, disfruta su presencia, llena tus pensamientos y emociones con ellos, me gusta saber que el mundo invisible tiene estos poderosos aliados a mi servicio…si es que aprendo a disfrutar su compañía. Es mi deseo y oración que el bien y la misericordia te escolten hasta la llegada a casa. Feliz día. 

martes, 14 de julio de 2015

TU REFRIGERIO ESÌRITUAL DE HOY: Mi amigo el tiempo

Mi amigo el tiempo
Ese día fui a visitar la que fuese casa de Christian Huygens, algo que había deseado desde hacía meses y, finalmente, lograba. Tenía curiosidad por conocer el lugar en el que vivió aquel astrónomo y estudioso de las matemáticas que en el siglo XVII observó los anillos de Saturno e inventó el reloj de péndulo. La vida me tenía guardado un regalo que atesoro y deseo compartirte en estas líneas. Estando en la planta baja de aquella casa, ahora museo, miraba el ingenioso dispositivo con el que Huygens calculó el movimiento oscilatorio, clave para su invención del reloj de péndulo y base para la medición moderna del tiempo. Al terminar de escuchar la explicación subí al segundo piso, sorprendiéndome que en realidad sea un ático. Al pie de la escalera un aviso recomendaba usar uno de aquellos cascos amarillos, para proteger la cabeza de golpear los soportes del techo de madera, que a baja altura van de lado a lado del reducido espacio. Un cuadro añejo, algunos manuscritos antiguos y una ventana con vista al verdor del jardín en verano y nieve de invierno. En ese reducido ático, en aquella remota casa de campo, en aparente soledad, su alma invirtió tiempo y fuerza para extender las alas del pensamiento, llevando adelante su frontera personal y la de toda su especie. Supe que el frio era algunas veces tan intenso que debió ir al pueblo donde tenía mejores condiciones materiales. Luego volvía al ático, donde llegaría a generarse el tic…tac que permitió medir el tiempo en forma novedosa. Permíteme ahora compartir dos enseñanzas de aquella vida que pueden enriquecer la nuestra. La primera es que invirtió buena parte de su tiempo en cosas transcendentes pero en forma pausada: intentando y fallando, sin rendirse, evaluando si la cuerda era muy corta o el peso muy grande, perseverando, hasta materializar el tic tac silencioso de su mente a la medida del tiempo. La segunda es que su aparente soledad no le convirtió en un alma amargada o avara, cosa común entre quienes justifican su vileza argumentando ser así porque bebieron las amargas aguas de la soledad. Me gusta pensar que quienes extienden las alas del alma son los que han aprendido a pensar en el tiempo como un amigo, percibiendo el tic tac como anuncio del paso transitorio por un mundo maravilloso, diseñado y ensamblado para explorarlo y maravillarnos. Miro la cicatriz en mi pecho y entiendo que muchos tic tac invirtió el alma cuyas manos realizaron la operación que prorrogó mi andar terrenal; el verde del campo desde la carretera y aplaudo a quien invierte tantos de sus tic tac en limpiar y emparejar el pasto; camino por una calle limpia y entiendo que alguien decidió poner algunos tic tac para mantener un entorno ordenado; sé que el piloto requirió muchos tic tac para tener su licencia que le permite transportar almas por los cielos; ni decir de los tic tac del educador que prepara lo que ha de impartir a sus alumnos del próximo curso. Sin embargo, también es cierto que el frenético ritmo de vida moderna mueve a tantos a intentar acelerar el tiempo (como si fuera posible), lo que concibe locura y violencia: apúrate, corre, empuja, compite, arrebata, deja que el próximo lo arregle, la vida es corta y si “pierdes” tanto tiempo no la disfrutarás. Perciben el tiempo como angustia, trampa y castigo. Sumado a esa tragedia el ocio es mano que mueve la cuna de quienes perciben el tiempo como una prisión. Se mueven entre el enfado en cuanto hacen y la sin sazón, pues nada les satisface. Sus “buenos” momentos se limitan a los fines de semana, para luego sumergirse en una amarga auto compasión de lunes por la mañana. Mirar el tiempo de esa manera es tierra de cultivo a cinismo, insensibilidad, retraso, corrupción y violencia que puebla el lado oscuro del reloj de tiempo de la especie humana. En cambio, las almas que perciben un infinito, que trasciende a su propio paso por esta tierra, aprenden a ver al tiempo como aliado, amigo, tic…tac…que les susurra tienes el tiempo que necesitas… asegúrate de llevar el paso y la actitud correcta, no mires a los lados, cada quien viaja a su paso, sigue el tuyo, es una caminata para aprender y dar durante el recorrido. No estoy diciendo que todos debamos ser inventores afamados, astrónomos o matemáticos; pero es fundamental saber que todos hemos sido dotados para dar algo, para sumar una parte, pequeña o grande en apariencia. Puede ser una palabra a un alma en un momento crucial, un abrazo a algún triunfador o herido del camino, un ejemplo silencioso de sembrador, un aplauso, incluso un amoroso regaño dado a tiempo. Pero si desde el ático que la vida nos ha dado para crecer lo que vemos es soledad y un espacio reducido…difícilmente lograremos disfrutar el tic tac del alma. Cuanto bien le haría a nuestra sociedad disfrutar el paso del tiempo en lugar de quejarnos de su “acelerado” ritmo. Si quien atiende en el supermercado o recibe las solicitudes para tramitar un documento público viese al tiempo como amigo…cuanta felicidad podríamos disfrutar y compartir. ¿Te parece que la vida es corta? ¿Cuántos años te gustaría vivir? Ah! pero entonces hay que evaluar si preferimos llegar a esa edad o vivir menos pero con buena salud; si tendremos alguien a nuestro lado; si en casa o ancianato; si habrá dinero para los gastos; y así...hacemos del tiempo un fantasma atemorizante bajo una cama de la que el sueño suele ausentarse. Estoy convencido que el tiempo que nos es dado sobre esta tierra es un regalo Divino y, visto como amigo, alcanza para aquello que nos ha sido encomendado como código en el ADN del alma. Dos pasajes preferidos en mi vieja biblia, el primero una oración “¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría!” (Salmo 90:12). El segundo resume el aprendizaje de la sabiduría que procede de lo alto: “Todo tiene su tiempo, y para todo lo que se quiere debajo de los cielos hay un tiempo: tiempo para nacer y tiempo para morir, tiempo para plantar y tiempo para arrancar lo plantado, tiempo para matar y tiempo para curar, tiempo para demoler y tiempo para edificar, tiempo para llorar y tiempo para reír, tiempo para lamentar y tiempo para bailar, tiempo para esparcir piedras y tiempo para juntar piedras, tiempo para abrazar y tiempo para abstenerse de abrazar, tiempo para buscar y tiempo para perder, tiempo para conservar y tiempo para desechar, tiempo para romper y tiempo para coser, tiempo para callar y tiempo para hablar, tiempo para amar y tiempo para aborrecer, tiempo para la guerra y tiempo para la paz.” (Eclesiastés 3). Sea cual sea el tiempo que cruza el péndulo en tu vida, deseo de todo corazón que sientas su tic tac como amigo para tu momento de explorador en el camino. Feliz día.

lunes, 6 de julio de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Estrellas fugaces

Estrellas fugaces
Por Jose Gil
Me desperté cerca de la 1 de la mañana, sintiendo un calor inusual. El silencio y oscuridad circundante dejaron entender lo que pasaba…la electricidad se había ido, de nuevo, en todo el pueblo. El viejo ventilador que, además de refrescar la habitación, ayudara a mitigar el ataque de los zancudos, estaba apagado. Linterna en mano salí del cuarto, encontrando que un gato se había coleado y plácidamente dormía sobre un mueble al lado de mi morral. No estoy seguro cuál de los dos se sorprendió más por el súbito encuentro. Ante la huida del gato -y la de mi sueño- subí a la terraza, procurando la briza del espacio abierto. La delicia de su frescura alejó el fastidio del incidente eléctrico y el sobresalto de aquellos diminutos ojos en la oscuridad. Estuve unos minutos siguiendo visualmente la sombra de la montaña al sur de aquellos parajes merideños, así como  la gran cantidad de puntos de luz en el cielo, resaltantes por la oscuridad imperante. Miraba el firmamento cuando, repentinamente, un halo de luz apareció y desapareció en un parpadeo. ¿Has visto alguna estrella fugaz? Fascinante. De seguro sabes que son fragmentos de roca procedentes del espacio que entran en la atmósfera del planeta a una velocidad tan alta que la fricción los calienta y transforma de solido a gas. El leve brillo que vemos en el cielo es lo que toma esa transformación. Tan emocionante como breve. En la niñez las veía con más frecuencia y, de adulto, una de las emociones al viajar a sitios como La gran Sabana ha sido observar el paso de satélites y las estrellas fugaces en su breve y fascinante brillo. Pensaba en esto cuando la voz que dicta desde dentro susurró la analogía que me motiva a escribirte hoy. ¿Has pensado la similitud de las estrellas fugaces con la vida de algunas personas? Me refiero a quienes parecen haber vivido corto, poco, parecieran haber sido arrebatados o interrumpidos, cuyo testimonio ha sido sin embargo refulgente e inolvidable. Pensaba en niños y jóvenes masacrados por decir “no” a los viejos y modernos emperadores de la historia, en entusiastas voluntarios hostigados por enseñar a leer y escribir a mujeres en ambientes de virulento machismo, médicos asesinados por llevar medicinas a regiones donde ignorancia y superstición imperan, aquel maratonista asesinado por un vendedor de droga, el estudiante universitario abatido por uniformados corruptos, los encarcelados injustamente, los desechados del poder pervertido…vidas hermosas interrumpidas. Pensaba también en los primeros seguidores de Jesús. ¿Sabías que fueron asesinados por ser sus amigos y solo uno de ellos alcanzó la ancianidad en exilio? ¿Alguna vez leíste que durante los 378 años que duró la inquisición las víctimas preferidas fueron genuinos seguidores de Jesús? No me entiendas mal, no trato de propagar el desánimo; sino que recordemos a quienes han dado un brillo breve pero impactante al fondo oscuro de la historia de nuestra especie. Su vida y legado son como esos meteoritos en la noche, breve según nuestra forma acelerada de medir el tiempo, pero profundo en la impresión que han dado a nuestras almas. Pienso en esa maravillosa analogía y me pregunto ¿Qué motiva el deseo de continuidad en mi vida? Sobrevivir es instinto pero tener propósito es lo que le da brillo, valor, a mi existencia. Pienso en los desafíos que se plantean a nuestra vida en sociedad moderna y, figuradamente, cuantos ojos abrazan la esperanza que “algo” resplandezca para iluminar el cielo oscuro que circunda aunque sea por instantes. Ese algo…somos nosotros. No se trata de pensar en inmolarnos para propagar un estilo de vida martirizada; aunque si tener el temple y dominio propio de preferir vidas breves y encendidas antes que abrazar una longevidad en tinieblas. Cuando pensamos en los padres y abuelos que antecedieron nuestro recorrido ¿A quién recordamos con mayor fascinación? Seguramente a quienes iluminaron el cielo de nuestra vida con ejemplo de amor, valor y honor; en especial si estuvieron dispuestos a pagar el precio de vivir en la luz cuando la tiniebla acechaba. Quiero animarte en este día a meditar cuanta grandeza, emoción y alegría podemos legar si nos atrevemos a ser luz de vida. Llama mi atención que en el relato del Génesis, en el primer capítulo de mi vieja Biblia, se habla de un caos y tinieblas, entonces “Dijo Dios, sea la luz…y fue la luz”. Un amigo de Jesús escribió “la luz en las tinieblas resplandece”, posiblemente al recordar como vivió y haberle escuchado decir “que vuestra luz alumbre delante de los hombres”. Fíjate que esas expresiones ponen más énfasis en el brillo que en el tiempo que alumbre; lo que no niega el valor de una vida longeva, pero lo deja en segundo plano al compararse al asombro de iluminar la vida para disipar las tinieblas. Me despido hoy pidiéndote algo: ¿Hay tiniebla intelecto-espiritual a tu alrededor? Medita si la causa por la que la vida te ha puesto en esa circunstancia y tiempo es para que…resplandezcas. Feliz día.

viernes, 3 de julio de 2015

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: El sultán y los dioses

El sultán y los dioses
por José Gil.
Por primera vez visitaba la ciudad de Muskat, de la que recuerdo el resaltante blanco en las paredes de muchas de sus casas, levantadas sobre roca caliza, abundante en la región. Desde aire y tierra me pareció fascinante el contraste con el oscuro color de las montañas al Oeste de la ciudad. Una amiga y colega me había buscado en el aeropuerto y explicaba que aquellas rocas oscuras eran producto de actividad volcánica ancestral y la región era una de las muy pocas del mundo donde se les podía observar en superficie. Aquella plática, aburrida para quien no guste de la geología petrolera, daría paso a otra cuya lección de vida deseo compartirte en estas líneas. Mientras me daba un tour por Muskat y mostraba sitios destacados para un visitante, entramos a tiendas modestas de artesanía local, notando en dos de ellas un cuadro pequeño con el rostro de un hombre joven. Pregunté a mi amiga de quien se trataba y me dijo que era el sultán de Omán, heredero único del poder político de aquella nación. Luego me dijo que, según le comentaban colegas omaníes, era respetado y admirado por las mejoras que introdujo en los servicios públicos, la sencillez de su discurso, su respeto a los beduinos y por mantener buenas relaciones diplomáticas con las demás naciones en la comunidad árabe y occidente. Pero para este visitante hubo otro aspecto suyo que sería el que más llamaría la atención. El sultán, portador de poderes plenipotenciarios en lo político y social, había decretado la prohibición de que su rostro fuera puesto en pancartas o vallas públicas. ¿La causa? Para el joven gobernante era una ofensa a Alá que el rostro de una persona ocupara un espacio prominente que pertenece solo a lo Divino. Al recibir esa información repasé mentalmente el recorrido y, efectivamente, había visto avisos e inscripciones por calles y avenidas, pero no el rostro del gobernante, excepto aquellos discretos en algunos negocios. Sentí pesar al recordar que, solo unas semanas antes, había estado de visita en una instalación petrolera en mi país, en la que alguna vez elaboré la tesis de grado para recibir el título de ingeniero; y en la que, ahora, se podía observar una imagen del tamaño del edificio de 4 pisos, con el rostro de cierto funcionario público. Pesar por un país cuya mayor parte de la población se autodenomina “cristiana”. Pesar al recordar que por avenidas y carreteras nacionales, oficinas de la administración pública y grafitis callejeros, se observa aquel rostro en lo que, indistintamente de como se le quiera llamar, se convirtió en culto a la persona. Bajo el brillante sol omaní, meditaba la paradoja de estar en un sitio donde quien ostenta pleno poder promueve el respeto a lo Divino; mientras en la otra se promueve sustituirle. No es una coincidencia que la pobreza y violencia caminen de la mano con prácticas que combinan la superstición, la sumisión y la usurpación del espacio Divino en el alma por el culto al hombre. La historia leída y mi experiencia me han enseñado que las sociedades que han avanzado en materia de civismo, respeto a la vida, ética y hasta riqueza, son aquellas que dejaron a un lado el culto a la persona, dándole primacía a los valores intelecto-espirituales. No me refiero a los valores del poder religioso tradicional (que es posiblemente el más perverso) sino a los valores que se forjan en el alma de una sociedad que aprende a considerar a su prójimo como a sí mismo, entendiendo que quien endiosa al hombre degrada su propia existencia y termina despreciando a los demás. Xenofobias, divisiones internas y hasta guerras han sido el legado del culto al hombre a lo largo de la historia de nuestra especie, y es que quienes usurpan el lugar de Dios en el alma son embajadores del infierno mismo. Ante tal paradoja que, por momentos, pareciera abrumarme, estoy agradecido por haber sido testigo, en aquella lejana región, en una cultura y religión que sufren sus propias dolencias; de una experiencia que recuerda mirar hacia arriba, lo superior, valorando las cualidades y acciones que trascienden y fortalecen a una persona, a una nación. Pero también me alerta sobre la variedad de dioses que son levantados en la sociedad. Hazte esta pregunta, si tu alma fuese una ciudad por la que algún invitado hace un tour ¿Que vería en sus parques y avenidas? ¿A quién se rinde culto en tu lugar secreto puertas adentro del ser? ¿Alguna pancarta tendrá el rostro de hombre? Puede que las vallas de nuestra alma destaque a alguno de los otros dioses modernos con nombres sofisticados: tecnología, negocios, placer, fama, poder, por citar solo algunos. Hace unos días el máximo jerarca de la religión católica emitió un escrito criticando el “culto a la tecnología”. Me pregunto qué resultado tendríamos comparando el tiempo que pasamos con la cabeza gacha mirando los teléfonos inteligentes (así llamados aunque en algunos produzca un efecto “idiotizante”) con las que invertimos en compartir en armonía con lo Divino, dando el primer lugar a lo que nutre al ser. Imagina por un momento que el invitado que recorre tu alma sea Jesús, quien observa y amigablemente dice “dale a Dios lo que es de Dios”. Existen personas que aseguran creer la existencia de Dios, pero sus pensamientos son fácil presa de artimañas tele-comunicacionales de los dioses modernos. En mi vieja Biblia leo que cuando Dios se manifestó a nuestros antecesores les dijo “soy celoso…no me compares ni sustituyas mi lugar por nada ni nadie”. Aprendamos a distinguir la diferencia entre la mediocridad de una vida sometida a ídolos humanamente fabricados y la grandeza de quienes caminan manteniendo su mirada en las alturas para la que fueron diseñados. Feliz día.