domingo, 10 de agosto de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Aprender… ¿De quién?

Aprender… ¿De quién?
Caminaba rumbo a aquel cerro que otras veces había subido como ejercicio cardiovascular, aunque también por la calma que los sonidos y el verdor que los parajes de montaña me transmiten. Había pocas personas y tráfico en la avenida a esa hora, de modo que disfrutaba un relajado silencio. Me acercaba a una esquina cuando los vi, aquellos dos jóvenes conduciendo motocicletas en dirección contraria a la mía, muy cerca el uno del otro. El primero hacia la pirueta llamada el “caballito”, que consiste desplazarse con la rueda delantera de la moto levantada sin perder el equilibrio (ni la vida). Escuché cuando el que fungía como instructor dijo al otro “no tenga miedo, levante y mantenga el equilibrio, si se va para atrás salte”. Como seguían avanzando salieron de mi campo visual, aunque seguía escuchando a lo lejos que el maestro seguía guiando a su estudiante. Aquella avenida terminaba pocos metros más arriba y dieron la vuelta en “U” pues en segundos volví a escuchar que venían acercándose hacia mí. Las dos voces comenzaban a sentirse próximas cuando un estruendo me hizo voltear en alerta…el alumno acababa de perder el control de su moto y cayó aparatosamente en la acera mientras el caballo metálico le golpeo y siguió arrastrándose y perdiendo piezas hasta detenerse. Vi cuando su cabeza golpeó contra la acera y su rostro reflejaba miedo y dolor, quedándome una mezcla de susto, asombro y tristeza. Su “amigo” se la aproximó y más tarde sería trasladado al hospital. Luego supe que su lesión fue grave, no sé si mortal, y que en esa ciudad ocurren frecuentes muertes entre jóvenes en su intento de hacer piruetas en motocicletas. Ese absurdo desperdicio de vidas jóvenes me hizo pensar en la falta de guía o nuestra errada elección de maestros de vida, trayendo consecuencias tristes que pueden llegar a ser…mortales. Las palabras de Jesús “si el ciego guía a otro ciego ambos caerán en el foso” retumban en mi mente. En un tiempo en el que charlatanería y basura visual y sónica inunda a muchachos y muchachas, una decisión crucial es que aprender y de quien. Mientras millones de dólares se invierten en alentar a activar la adrenalina como forma de emoción en la vida, a la sensualidad desbordada y a un menosprecio a una vida sosegada e intelectualmente nutrida, tenemos palabras de sabiduría que nos muestran de quien y que podemos aprender. En un momento de conversación con seguidores y detractores Jesús dijo “aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. ¿Sabes algo interesante? Es la única oportunidad en que el Maestro hace referencia a su personalidad, y lo hizo para destacar dos cosas: 1) Invitarnos a aprender de él. 2) Su enseñanza es mostrar una vida de mansedumbre y humildad. Manso es una palabra que se refiere a un caballo que cabalga sin tirar a su jinete, a una persona con el temple para vivir sin violentar el derecho de otros. Humilde es una condición del alma que voluntariamente se sujeta a su relación con Dios como forma de vida. Muchos siguen como maestros o guías a personas intelectual y espiritualmente ciegas, por lo que a diario somos testigos de violencia y vidas truncadas o lisiadas. Hoy, lo mismo que ayer, a mi vida hay voces que me invitan a seguir a quienes hacen las piruetas de la vida…y una voz que me sigue invitando a aprender a calmar la tormenta del alma y tener serenidad puertas adentro del ser. Pero ¿sabes? La decisión es mía. Yo decido las cosas por las que vale la pena vivir, y debo asumir las consecuencias. Seguir como ciego a los guías ciegos me llevará -literal o figuradamente- a terminar herido sobre una de las avenidas de la vida. Mientras una vida valiente que se inicia en la paz de una armonía intelecto-espiritual como la ofrecida por Jesús…es garantía que aprendemos lo mejor de la vida porque tenemos al mejor instructor. Feliz día.

lunes, 4 de agosto de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Kifah: Pan y jugar

Kifah: Pan y jugar
Kifah, niño sirio
-¿Dime que ocurre?
-La gente está enojada.
-¿Por qué? Fue la pregunta de la corresponsal de guerra a Kifah, un niño en las calles de la ciudad capital más antigua que permanece en pie en el planeta: Damasco. El rostro de Kifah cambió de serena a una mueca de dolor, clavando una daga de tristeza, posiblemente como la de esa ciudad, en mi alma.
-No hay pan. Respuesta con lágrimas pero sin mostrar desespero.
En el fondo se escuchan explosiones. La última pregunta de la corresponsal. ¿Qué te gustaría hacer?
-Comer y poder jugar con mis amigos en la calle. Una ciudad bajo bombardeos entre dos bandos de “adultos”, quienes dicen desear liberarla y los que dicen defenderla de invasores. Poco o nada conozco de los intereses tras esas absurdas matanzas, pero las palabras de aquel niño se hicieron sello en mi mente...una voz quebrada que desea “pan y jugar”. Me hizo pensar en las cosas que suelen quitarme el sueño o irritarme, y sobre todo lo que me produce satisfacción. Invierto tanto tiempo pensando en cosas que, ante asuntos realmente importantes en la vida, son vanidad. Muchas cosas en una siempre empacada maleta, tantas cosas que ya no uso pero si son tocadas o perdidas me inquieto, un teléfono inteligente (el tercero, pues me han robado dos), libros, ropa y paro de contar. No me entiendas mal, estoy agradecido por poder disfrutar todo eso, pero me pregunto si en mi afán de vida haya yo descuidado lo sencillo, lo natural, que resulta ser lo esencial. Me gusta lo que escribiera T.S. Eliot, al referirse a nuestra búsqueda de sentido de la vida: “…el final de toda nuestra exploración termina en el sitio donde comenzamos”. No sé qué pueda hacer yo por Kifah, pero una voz en mi ser me dijo “escribe José. Escribe y derrama tu alma, deja de llorar por momentos y cosas vanas perdidas, mira lo que está pasando a tus semejantes, eres un ser privilegiado porque puedes sentir y saber, porque puedes reír y llorar, asciende en la manera de dar prioridad a las cosas en la vida”. Palabras de Jesús han venido a mi mente “dichosos los que hoy lloran, pues ellos serán consolados”. No se refiere a llorones por una rabieta caprichosa o haber perdido un partido de futbol, se refiere al llanto de un alma que expresa una sed puesta allí en forma natural por lo Divino para que sepamos distinguir entre lo pasajero y lo duradero. He llorado por tantas cosas y circunstancias en la vida, la mayoría más por inmadurez mía que por la dureza del momento, pero puedo decir que incluso de las más triviales he recibido consuelo que ahora entiendo claramente ha sido enviado por lo Divino. Hoy estoy dando gracias a Dios porque un niño rodeado de muerte y destrucción, me ha dado una lección para recordar lo que me hace realmente humano: solidaridad, llorar -aunque desde la distancia- con quien llora, un niño que desea comer y jugar para que su vida tenga sentido y florezca. Sin embargo, puede que la mayor lección para mí en este precioso día es meditar si lo que realmente estoy considerando esencial para mi alma es vano o es lo genuino. Estoy orando por Kifah el niño de Damasco, y por todos los que, como el, no procuran lo superficial sino que anhelan cosas sencillas de la vida para disfrutarla a profundidad. Feliz día.

jueves, 10 de julio de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: ¿Un rico en el cielo?

¿Un rico en el cielo?
Al escuchar la historia fue como si un velo fuese quitado en mis pensamientos y pudiera haber entendido algo que, aunque desde niño había escuchado, no había captado su relevancia. La persona sobre la que se hablaba había tenido varias oportunidades de mejorar sus condiciones de vida y abrir mejores oportunidades para sí misma y sus hijos…pero no lo hizo pues “sentía que disfrutaba un poder importante donde estaba y tuvo miedo al cambio…”. ¿Te suena familiar eso? Miedo al cambio. Cuantas cimas hemos dejado de avizorar y ascender en nuestra vida por miedo al cambio. Como una luz que se enciende vinieron a mi mente aquellas palabras de Jesús “difícilmente un rico entrará al reino de los cielos”. Palabras que han sido usadas y abusadas, en especial por mercaderes de promesas populistas y manipuladores de oficio. Aquella historia me abrió el entendimiento para notar que en lugar de referirse al aspecto material se nos estaba dejando lección sobre aspirar a un nivel superior de vida, lo que requiere dejar cosas atrás. El joven rico había preguntado lo que le hacía falta para entrar, disfrutar, una vida plena, el “reino de los cielos”; de modo que estaba básicamente aspirando a disfrutar de una plenitud emocional y espiritual que le había eludido a pesar de tener lo que muchos pensarían era lo que se necesitaba para ser feliz: una buena religión, estabilidad, respeto, comodidad y salud. La respuesta del Maestro no menosprecia el dinero ni pretende transmitir una crítica a poseer riquezas, sino más bien al caso particular del joven para quien haberse acostumbrado a vivir en su zona de confort le impedía aspirar a cosas superiores. “Vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”. Es como si le hubiera dicho, pues ya que te has dado cuenta que hay metas superiores, que de poco o nada sirve una alforja llena si el alma está vacía…camina a mi lado y alcanzarás las alturas de la vida. La historia termina con el joven retirándose triste porque no pudo soltar su ancla. Si me preguntas te digo que pienso que aquel joven rico está en el cielo, pero lo que no estoy seguro es cuánto de su riqueza emocional perdió al no soltar lo material de su comodidad. ¿En que se parecen estas dos historias que te acabo de compartir? Fíjate que nada hay que reprochar a los personajes, pues ambos procuraban preservar lo que tenían, eso es quedarse en su zona de confort. Lamentablemente, ambos perdieron la oportunidad de ascender en su vida. Ahora deseo preguntarte algo: ¿Qué haces cuando debes enfrentar la necesidad de cambio que exige salir de tu zona de confort, del nido en que te has acostumbrado a una vida cómoda y “segura”? ¿Cuándo fue la última vez que elegiste plenitud antes que comodidad? Recuerda a Dios diciéndole a Abram “sal de esta tierra y de tu familia…”, era la invitación a salir de una vida de confort, y Abram lo hizo. ¿Resultado? Vivió en las alturas de la vida, a pesar de sus propias debilidades. Hoy lo llaman “padre de la fe” las tres mayores religiones monoteístas del planeta. Si tu vida se ha venido haciendo aburrida o vacía es porque has abandonado tus sueños y estás sentado a la sombra del árbol del conformismo. Siempre hallarás motivos para justificarte, pero de seguro en tu ser interior esa voz sigue diciéndote “vamos, demos ese salto de fe”. El peso social en nuestras decisiones suele ser decisivo para muchas personas, quienes prefieren acallar los gemidos indecibles de su alma para mantener un status, una condición de aparente éxito o cordura. ¿Qué haremos tú y yo? Nadie va a criticarnos si decidimos como los personajes de nuestra historia, nadie…excepto nosotros mismos. A sus 68 años un amigo, quien ya partió a la eternidad, me dijo que los momentos que mejor recordaba de su vida y le hacían sentirse que había valido la pena vivir eran aquellos en los que salió de su zona de confort buscando plenitud de amor y felicidad a su alma. Jesús fue su amigo y compañero hasta el último día. Ahora es nuestro turno de decidir si aspiramos a una vida plena o una vida cómoda…nosotros decidimos. 

jueves, 12 de junio de 2014

YA ESTA EN CIRCULACIÓN EL LIBRO CAMINO A LA MONTAÑA

Camino a la Montaña, escrito por José Gil, en el que el autor busca realizar un llamado a la espiritualidad, basados en hechos reales

El autor del libro expresó: «Lo que me motivó a realizar este libro fue que al viajar por diferentes partes del mundo me encontré mucha pobreza espiritual, y esos son los valores que debemos rescatar para que exista felicidad, y así dejar la envidia y el rencor».
Asimismo, Gil comentó que este es el primer libro, sin embargo, no descarta la posibilidad de escribir otro texto, pero relacionado al amor, donde buscará el reencuentro al amor propio, a Dios, a valorar todo aquello que se tenga alrededor. Su título podría ser Camino al Mar.

LO PUEDES ADQUIRIR EN LAS SIGUIENTES LIBRERÍAS:









jueves, 15 de mayo de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: UNA CAMINATA SOBRE NUBES

UNA CAMINATA SOBRE NUBES

Aquella tarde debía tomar, nuevamente, el vuelo desde Miami hasta Houston, volando sobre la zona Norte del Golfo de México.  Era temporada de huracanes, de modo que los vuelos salían en la medida que las condiciones climáticas lo permitían. Había realizado aquel vuelo tantas veces que ya era prácticamente una rutina, pero ese día me seria mostrada una importante e inusual lección de vida. Aun en tierra el piloto anunció que las condiciones en el destino final eran claras pero tendríamos algo de turbulencia en el camino. Así se inició un tranquilo vuelo, algunos pasajeros pusieron sus audífonos para su música o la TV, otros a dormir y yo a disfrutar mi lectura. Habría pasado cerca de una hora cuando el piloto, con voz calmada ratificó que nos acercábamos a “un poco de turbulencia”, indicando que todos tuviéramos cinturones de seguridad ajustados y la tripulación estuviese en sus asientos. Las nubes que, hasta hacia unos minutos lucían blancas sobre un fondo azul, se tornaron gris oscuro…el avión entraba en la tormenta. La TV seguía encendida y a mi alrededor parecía que los pasajeros seguíamos haciendo lo mismo, pero el silencio se hizo, por lo que las sacudidas del avión parecían sentirse más fuertes. ¿Crees que me asusté? No lo dudes. A cada sacudida tomaba el pasamano con fuerza y contraía mis músculos, como si eso fuera a aferrarme a lo poco valiente dentro de mí. Algunas expresiones de sorpresa -o susto- se dejaron escuchar, afortunadamente ninguna de histeria…creo que la mía fue silenciosa. Sin embargo, además de respirar hondo, hubo algo que me permitió mantener la compostura: el hecho de que ya el capitán había advertido que ese momento llegaría y que él también estaba en el avión. Con eso en mente, incluso durante los eternos minutos que duró la sacudida, logré hasta leer un poco, confesando que debí repetir algunas líneas pues la concentración me costaba más que lo usual. Minutos más tarde el avión parecía salir de su epilepsia y creo que hubieras podido grabar suspiros a coro entre los pasajeros. Una voz se dejaría escuchar, era la voz de la autoridad máxima del vuelo, el capitán, que anunciaba “damas y caballeros nos aproximamos al aeropuerto internacional George W. Bush en Houston, gracias por escogernos para volar y por acompañarme en esta caminata sobre las nubes”. ¿Cómo que una caminata? Debió decir una lavadora sobre las nubes…pero el alivio de haber superado la tormenta me hicieron reflexionar que, efectivamente, siempre estuvimos sobre las nubes, blancas o grises, pero eran nubes, y estábamos culminando la caminata. Menos de una hora más tarde ya yo estaba en mi destino final, equipaje en mano. He estado pensando en esa vivencia de miedo momentáneo, comparándolo a cuando Jesús caminaba sobre aguas tormentosas hacia la barca donde estaban sus amigos y ellos estaban tan asustados por la tormenta que creyeron era un fantasma. En lugar de ver a quien venía a ayudarles pensaron algo como “bueno, lo que nos faltaba, un fantasma, estamos fritos”. ¿Sabes lo que Jesús les dijo? “No teman, soy yo”. Las tormentas en la vida son inevitables y, suele ocurrir, que algunas cobran vidas, pero nuestro valor al momento de enfrentarla, y cruzarla, depende de la confianza que tengamos en las manos de quien hayamos puesto nuestra alma. En este vuelo que llamamos vida nos ha sido anunciado, previamente, que se cruzarán tormentas, pero el capitán de la nave promete que llegaremos a puerto seguro. Nuestras emociones y convicciones serán puestas a prueba en más de una oportunidad, y en ese momento se sabrá de que está hecha nuestra fe, mantén el valor, mantén la confianza en quien prometió estar contigo hasta el final. Si pretendes llevar una vida sin sacudidas emocionales o espirituales…no vueles, quédate en tierra. Cuando comenzaba a escribir estas líneas están informando sobre un joven de 19 años, Stephen Sutton, cuyo vuelo personal está siendo sacudido por la tormenta de un cáncer terminal. En su tormenta ha estado concentrado no en quejas ni amargura, sino en recoger fondos y compartir su experiencia para motivar a otras personas con cáncer. Leyendo lo que este pasajero de la vida está haciendo, en el umbral de aterrizar en su destino final, y una sensación de admiración y respeto inunda mi ser. Valor en la tormenta como quien entiende que la vida es una caminata sobre nubes…aunque algunas sean grises y la vida se sacude fuerte. Puede que tu vuelo apenas esté comenzando…pon atención a la voz del capitán. Puede que estés entrando en la zona de turbulencia…recuerda que ya sabias que ese momento llegaría…no tengas miedo. Puede que tu llegada a puerto final se acerque…pronto estarás en casa…confía en quien te acompaña y guía. Es mi deseo y oración que, a su tiempo, culminemos con entusiasmo esta caminata sobre nubes que llamamos vida, habiendo dejado testimonio que anime a otros a levantar vuelo. Feliz día.

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: UNA HIGUERA FRUCTIFERA

Una higuera fructífera

El verano se había extendido durante meses, sembradores y ganaderos de aquella usualmente verde región, entre montañas, vieron reducidas sus cosechas y dependieron -como pocas veces- de sus sistemas de riego para que la mesa en sus casas, y muchas otras incluso lejanas, pudieran recibir el fruto de la tierra. También quienes cultivan sus plantas en casa sentían el rigor del clima que, carente del agua de lluvia, tostaba y malograba preciadas flores y hortalizas caseras. Recuerdo una tarde en especial, cuando conversaba con mi madre sobre la higuera que está en el patio de la casa, sembrada hace más de 50 años por abuela, cultivada en la humildad y esmero del campesino andino merideño, cuya provisión depende, en buena parte, de su esfuerzo día a día. Aquella higuera ha sido testigo mudo de afectos y personas que, en el paso del tiempo, han dado su propia cosecha: mis primeros pasos, las pláticas con mi abuelo y su inseparable “compadre”, el tío Rafael, con quien parecía solo discutir y discutir pero de algún modo siempre terminaban riendo de sus vivencias mozas. Estoica, verde, esa apreciada higuera, ahora cuidada por mi madre, continúa dando fruto. Sin embargo, aquel verano había sido rudo, y entre lo longevo del árbol y la falta de lluvia, su regalo, deliciosos higos, el regalo milagroso de una tierra humedecida solo con agua almacenada, parecían haber mermado. Esa tarde, de pie ante la higuera, le pregunte a mamá si arrancaba los que ya maduraban, parte de los cuales usaba para preparar dulce en casa, otra la vendía o compartía…“no hijo, aun no, falta por madurar y debes darle su tiempo”, entonces me dijo esa frase que siempre recordare, “además, se quedarían sin fruta los pajaritos que vienen a comer”. El verano podía haber reducido cosechas y el fruto de la higuera, pero en su mente quedaba espacio para recordar alimentar las aves del campo. Los higos que esas hermosas aves comían, algunas de las cuales picoteaban hasta la última semilla, no eran vistos como pérdida para ella. He venido pensando que justo esos higos hacen que en el patio de la casa se escuchen cantos de diferentes aves a toda hora del día…una melodía incomparable que he disfrutado tantas veces, con una capacidad asombrosa de calma y alegría a la vez. Una sensación de abundancia me inunda al recordar esa tarde, especialmente como, cuando hoy, llueve y sé que los campos, aunque mermados, volverán a mostrar un verdor de montaña que hace volar al alma en esperanza hacia la tranquilidad. Generosidad incluso cuando hay escases, me hace pensar en palabras de Jesús al decir a sus amigos “lo que recibieron gratuitamente, compártanlo gratuitamente” y aquellas otras “vuestro Padre alimenta a las aves, que no trabajan”. Ambas frases hacen referencia a la generosidad, no al sentido de dar para recibir o dar lo que sobra, sino compartir incluso cuando implica reducir la porción que se considera propia. ¿Sabes? La belleza de aquellos parajes desaparecería sin las aves, sin los árboles y, especialmente, sin la generosidad. Del mismo modo, la belleza del Munro desaparecería si dejan de florecen las almas de los que dan sin esperar mayor recompensa que el saber que imitan el carácter generoso de Dios que “hace salir el sol sobre justos y pecadores”. Momentos en los que, volviendo a un estilo sencillo de vida respiramos profundo y hasta podemos susurrar “Guaohabía olvidado esta sensación de paz”. En esta hora, te animo a pensar, si nuestra vida es como una higuera, ¿estamos siendo fructíferos? Cierto, los tiempos son más duros que algunos del pasado, pero… ¿Te queda ánimo para compartir un higo más? Si lo estás haciendo eres una bendición, no lo dudes, un gesto, una entrega desinteresada, puede ser lo que se necesita para volver a escuchar el canto sonoro de almas que agradecen a Dios por lo recibido a través de ti. ¿Te imaginas? En lugar de la maledicencia y ruido de enojos que parecen haber minado las grandes ciudades, puede ser, uno de estos días lluvias de generosidad rieguen campos de almas…y la vida resurja. Es mi deseo que la higuera de tu alma sea fructífera, y que ese fruto abone tu propia vida y la de otros. Permite que la forma de dar de Dios moldee la tuya. Feliz día.
José Gil

viernes, 18 de abril de 2014

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: Pertenencia y propósito

Pertenencia y propósito

Acababa de regresar de uno de mis viajes fuera del país, sentado en la sala del apartamento, disfrutando la compañía de familia y algunos invitados. No obstante disfrutar de una vida relativamente cómoda y exitosa, algo me inquietaba. Ignoro si otras personas que viajan con frecuencia experimentan lo mismo, estaba viviendo momentos en los que me sentía desubicado en espacio y tiempo. Te aclaro, disfrutaba el estar en mi apartamento, rodeado de gente amada, pero desde hacía algún tiempo tenía la sensación de no pertenecer a ninguno de los sitios en los que había estado, ni especialmente cercano a alguna persona…un sentido de desapego, de no pertenencia. Algunas noches despertaba y, por momento, no estaba seguro donde estaba o que hacia allí. Si existiese un detector de lunáticos me lo habría comprado aquellos días. Para mi bien, esa noche obtendría la respuesta a la causa de ese sentir y, para un escéptico como este servidor, la vida encontró una forma maravillosa de volver a colocar el GPS a mi alma hacia la dirección correcta. Uno de los invitados había llevado una serie de papelitos con un “mensaje personal” y nos pidió a cada uno de los presentes que escogiéramos uno sin mirar, sin hacer trampa. La jocosidad del momento, en el que adultos recordamos la niñez, se vio pronto superado con la emoción cuando cada uno de los presentes comenzó a leer en voz alta lo que decía su mensaje escogido. Todos y cada uno de los presentes expresó que el mensaje que había escogido tocaba algo de su vida personal en ese momento. Fascinante. El último en hablar fui yo, tomando mi papel…fue difícil contener mi emoción cuando leí lo que decía aquel papelito en mis manos: “No temas que yo te he redimido…tu eres mío”, tomado del pasaje bíblico en Isaías 43:1. A la velocidad del pensamiento recordé aquel viaje a Moscú para discutir temas de tecnología de producción pero el verdadero reto fue la neumonía contraída que puso mi vida en la cuerda floja; el breve recorrido por Lisboa mientras discutía con colegas del mundo el peligro el asunto energético y el calentamiento global; la entrevista con aquel corresponsal de la BBC en sitio discreto por el peligro que implicaba exponer cierta corrupción gubernamental en una poderosa petrolera estatal…tantos lugares, momentos y circunstancias en las que confirmé que una poderosa mano invisible me guiaba y protegía. ¿Qué había pasado entre aquellas vivencias y mi reciente falta de conexión con la vida e inseguridad? La respuesta fue enviada y entregada en mis propias manos: yo le pertenezco a Dios, quien me ha rescatado. En lugar de adoptar una actitud anímica de náufrago, nómada o indigente emocional de la vida, carente de pertenencia alguna, debía recordar que soy enviado a cumplir una misión como embajador del dueño de mi vida. Esa noche, con emoción, agradecí a Dios que me recordara quien soy, a quien le pertenezco y, como resultado, no tener miedo ni sentirme perdido o solo en esta casa grande que llamamos planeta. Han pasado años desde esa noche, cuya importancia para mi vida valoro más en este día, por lo que me atrevo a invitarte a que mires en tu ser interior y consideres ¿Miedo? ¿Desorientado? ¿Carente de propósito o lugar de arraigo? Hay buenas noticias para ti: la verdad es que se ha estado invirtiendo en ti para que, en tu paso por esta casa, seas parte importante del plan de Dios para rescatar nuestra condición como su creación. Puede que tu misión no se trate de viajes o peligros; quizá más bien seas llamado a resistir valientemente en la brecha de una sociedad inmoral o ser un honesto funcionario brillando dentro de una institución corrompida. Es posible que lo que te ha sido encomendado carezca de fama, fortuna o poder, una misión aparentemente pequeña, pero ¿Sabes? Cosas grandiosas reposan sobre el buen funcionamiento de los detalles…y puede que para tus semejantes lo que haces o harás no sea “la gran cosa”, pero ánimo, en el mundo invisible que es donde se origina el que vemos, tu nombre es conocido porque le perteneces a quien te llama para darte una misión especialmente diseñada para ti y tu para ella. Que verdad más extraordinaria saber que el sentido de pertenencia en la vida viaja tomado de la mano del propósito, y juntos se alimentan y fortalecen. En cierto momento unos discípulos de Jesús le contaban con emoción que habían recibido un poder que de forma milagrosa hasta hizo caminar a inválidos y ver a ciegos. ¿La respuesta de Jesús? “Siéntanse dichosos no por haber hecho esas cosas, sino porque sus nombres están escritos en el reino de los cielos”. Es una maravilla de la vida saber mi destino y misión, lo que hace que tanto el recorrido como la llegada a la meta produzcan un deseo de vida y entusiasmo que marca la diferencia en el alma. Te animo a ponerte en las manos de quien con toda autoridad te sigue diciendo “No temas que yo te he redimido…tu eres mío”. Feliz día.