jueves, 29 de junio de 2017

Tu Refrigerio Espiritual de Hoy: Justicia o muerte

Justicia o muerte
¿Sabías que la inacción de una sociedad ante un crimen trae como consecuencia la muerte de esa sociedad? Déjame decirlo con otras palabras, pues los hombres solemos cerrar los oídos del entendimiento cuando se toca nuestra zona de confort: La impunidad de un crimen hace que la culpa recaiga sobre los que conforman la sociedad en la que el crimen fue cometido. Debes estar pensando que algo anda mal en mi cabeza, en lo que ciertamente concuerdo contigo, o que he pasado mucho tiempo leyendo literatura Nazi o al ISIS. Nada de eso. De hecho, las dos fuentes que sustentan lo que acabas de leer son por un lado la historia de la civilización, que muestra lo que ha ocurrido a las sociedades que pisotearon la justicia y; por otro, un libro que ha sido base para las constituciones de los países en el llamado mundo occidental: La Biblia. De este libro tomo, brevemente, una cruda y extraña historia que se narra en el capítulo 19 del libro llamado “Jueces”. Además de erizar mi piel, muestra un caso particular en el que una sociedad tuvo que elegir entre hacer justicia o perecer. Sucedió que los hombres de una de las 12 familias que conformaban la nación habían violado y asesinado a una mujer. Nadie en aquella comunidad hizo ni dijo algo para protegerla o defenderla del acto criminal que sufrió, convirtiéndose en otra víctima del machismo y brutalidad de unos y del silencio cobarde de otros. Para vergüenza de nuestro género este tipo de barbarie la hemos abonado a lo largo de toda la historia. El relato se convierte en una obra de horror cuando el compañero de aquella mujer toma su cadáver, lo corta en 12 partes y envía un pedazo a cada una de las familias que integraban la nación. ¿Boquiabierto? Yo lo estuve al leer el relato. Primero un crimen brutal y luego desmembrar a la mujer agrega lo espeluznante y desconcertante; sin embargo, déjame decirte algo sobre la justicia en ese caso con el deseo que pueda ayudarnos para evaluar la nuestra. De acuerdo a la ley vigente si se cometía un asesinato en una región y por causa de no hacer justicia el crimen quedaba impune, todas las personas de esa región absorbían, por negligencia, la culpabilidad. Es lo que la ley moderna llamaría “complicidad”. De modo que lo que aquel horrendo desmembramiento buscaba era decirle a toda la nación: mi esposa fue violada y asesinada, se sabe quiénes lo hicieron, nadie dijo ni hizo nada para evitar el delito, y tampoco ahora para hacer justicia contra los criminales, este pedazo de cuerpo es un testimonio de que ahora ustedes también saben lo que paso, de modo que si no hacen nada todos son culpables y la maldad y ruina de ese crimen caerá sobre toda la nación, estoy pidiendo justicia. Los ancianos de las otras familias dictaminaron que los criminales debían pagar con su propia vida, y con dolor, incluso entre lágrimas, ejecutaron a casi todos los hombres de aquella comunidad, dejando solo unos pocos vivos, como acto de gracia, para evitar la extinción de esa familia. Sin entrar en consideración sobre el modo de la sentencia te pido que hoy, tu y yo, despojados de superficialidad veamos el alto precio que puede llegar a tener en una sociedad la injusticia. Algunos pueden pensar que eso de la Biblia es cuestionable y no necesariamente aplica a la historia en su totalidad. Les recomiendo que investiguen las causas por las que grandes civilizaciones e imperios se derrumbaron: Inca, Maya, Babilónico, Persa, Griego, Romano, son evidencia histórica de la decadencia, ruina y desaparición que trae la injusticia sazonada con crueldad y corrupción. Estamos en el 2017, pero ese principio sigue vigente, ante lo cual cabe preguntarnos ¿Sabías que en Venezuela 9 de cada 10 crímenes quedan impunes? Enriquecimiento ilícito, extorsiones, secuestros, contrabando, tráfico de influencias. Nuestra nación se menciona a nivel mundial como un narco-estado en el que miles de jóvenes, mujeres, niños y ancianos mueren violentamente. En muchos casos, se sabe quién es el responsable pero, al igual que en el relato, muchos miran a otro lado y guardan una silente complicidad por miedo o por alguna otra “buena” causa. Católicos, evangélicos, testigos de Jehová, judíos y hasta musulmanes decimos creer en Dios, mientras hacemos vista gorda cuando la injusticia asesina y atropella, impunemente, a tantos. Nos hemos hecho ingeniosos buscando en nuestra mente excusas para negarnos a actuar en rescate de la justicia, negando así la posibilidad de salir del hoyo en que nos encontramos. Para ir terminando ¿Te has dado cuenta que las almas que han dejado una huella refulgente en la historia de nuestra especie enfrentaron la injusticia al precio de su zona de confort y hasta su vida? Pensemos, ¿A quién honramos en nuestros corazones? ¿A los que se enriquecieron de la injusticia o a quienes alzaron su voz y enfrentaron la maldad? Hay una frase dicha por Jesús que me acompaña en estos días: Dichosos quienes tengan hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. No dijo quienes buscan venganza, sino justicia. El camino a la paz es la justicia y en estos días en que la injusticia arremete para seguir imperando te animo a que con verbo, letras, presencia y firmeza seas parte de quienes tienen hambre y sed de justicia…seremos saciados.

martes, 16 de agosto de 2016

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: EL ALMA GENEROSA

El Alma Generosa
Por José Gil

Escuchaba a dos hombres exponiendo su punto de vista sobre cierta organización bajo sospecha de pagar sobornos en forma de donaciones con el fin de utilizar su influencia para recibir contratos por miles de millones de dólares. Ante el señalamiento del delicado asunto por parte de uno de aquellos hombres, denunciando un presunto acto de corrupción, el otro respondió apelando a un argumento que llamaría mi atención “…es una organización reconocida por estar haciendo contribuciones generosas a escala mundial…”. Acababa de tener un tempranero tiempo de meditación y conversación con Dios y, en especial, agradecía por un regalo de nuevo día de vida que me era dado. La vida, lo mismo que el amor, pertenecen a “la dimensión de lo milagroso” como dijera Sábato, y en mi alma atesoro agradecer ambos como gracia Divina. Quien da amor lo hace de lo que tiene en su ser interior, así como Dios da vida porque es su autor y fuente. Son almas generosas las que comparten y dan de su esencia, de sí mismos, de lo suyo. Esos eran mis pensamientos hasta apenas hacia unos minutos. Entonces oí esa frase en defensa de la generosidad y recordé que algunas cosas no andan bien en el sistema de valores de algunas personas. ¿Generosidad? ¿En verdad? Si yo aprovecho una posición de influencia o poder para estafar a una persona, una comunidad, una nación, ¿me hace generoso que luego “done” fruto de esa estafa como “caridad”? Si eso es generosidad, entonces aquel traficante de drogas, cuyo imperio criminal truncara la vida de miles de personas, fue un alma generosa porque construyera escuelas y “regalara” dinero a gente pobre. Si eso es generosidad Hitler fue generoso con los beneficiarios del despojo de bienes y asesinatos cometidos contra millones de judíos y otras nacionalidades entre 1939 y 1944. Si en mi sistema de valores generosidad es “dar” sin tomar en cuenta la procedencia de lo que se “regala” entonces debería sentir simpatía por Nerón repartiendo pan al populacho que colmaba el coliseo…pero habría que preguntar a los que salían a la arena su opinión de tal generosidad, no me refiero a los que portaban espadas sino a los que arrastraban cadenas. Habría que preguntar a los sobrevivientes del holocausto, habría que preguntar a los que son violentados por la “generosidad” de almas en apariencia “bondadosas” que buscan repartir lo que nunca labraron. Es fácil ser generoso con lo que no ha sido trabajado, es fácil ser generoso con 10 a quien ha robado o despojado a 100. Los secuestradores y sicarios regalan costosos juguetes a sus hijos y, algunas veces, donan dinero a la caridad del sector. La historia de los imperios bélicos es testimonio de los trágicos resultados de la generosidad nutrida de violencia y el despojo. La generosidad solo puede ser genuinamente concebida en almas que entienden haber recibido para compartir y no para despojar, para servir y no para dominar, para disfrutar unos y otros en lugar de disfrutar sobre la base de la miseria de otros. Pienso en aquellos que al momento de regalar hacían sonar el cuerno para que fuese notoria su generosidad, rememoro al hijo de aquel rey que regalaba dinero y consejos a la gente pobre del momento para ganar su favor y derrocar a su padre, pienso en tanto político que ante la aparición de una cámara de TV se transforma en un Robin Hood del siglo XXI. Ante lo sombrío de quienes maltratan la noble sencillez de la valerosa generosidad, viene a mi memoria una anciana cuyo rostro no conozco, pero llegaré a conocer sin duda, quien se acercó a entregar lo único y ultimo que tenia, posiblemente entendió que había otras almas con mayores carencias que las suyas, puede que haya decidido que su último esfuerzo humano lo haría a favor de otros, no lo sé. Lo que si se es que no alquilaron un equipo de sonido y video para promover su rostro, se que los influyentes de la época ni notaron su presencia, los religiosos no la invitaron y los políticos ni parpadearon al saber de su gesto…pero un hombre llamado Jesús la vio… “ella dio más que todos aquellos del alboroto…no dio lo que le sobraba sino de su propio sustento”. ¿Generosidad? Si, es una cualidad que nos fue dada por lo Divino, dar, compartir, disfrutar sabiendo que quien nos regala la vida es abundante y generoso. Cuando partimos de este mundo nos llevamos lo mismo que trajimos: nada. Cuanto hayamos compartido en es el mejor balance que podemos atesorar en nuestro paso por la vida y un anticipo de lo que plenamente disfrutaremos en nuestra próxima parada

lunes, 8 de agosto de 2016

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: CARRERA DE RELEVO


Carrera de relevo.
POR JOSÉ GIL

La madrugada de estas costas africanas trajo a mi alma memorias de rostros y voces que produjeron despertares en mi alma. Una de esas almas estaba en la piel de un hombre que en sus 80 diera una exposición sobre las 3 grandes necesidades del alma...mirar la fuerza y entusiasmo que fluía de su esencia es uno de los momentos decisivos de mi vida. Hoy creo entender algo que ese día me era velado...que en el plano intelecto-espiritual aquel anciano no solo estaba expresando su esencia sino, en especial, pasando el testigo a quien deseara proseguir la carrera por lograr nuestra mejor versión. Una gratitud me inunda al imaginar al octogenario poniendo en manos inexpertas, aunque entusiastas, la llama que enciende e ilumina vidas: saber que somos amados profundamente por Dios, que nos acompaña y que podemos disfrutar un genuino compañerismo. En este día, cuando tantos se esfuerzan por pasar el testigo para que otros corran por su causa política, su organización religiosa, otros por una tradición empresarial o económica y hasta quienes quieren transmitir el odio y la violencia porque les enriquece...aplaudo a esas valerosas almas que, cual héroes anónimos, siguen iluminando con amor y entusiasmo Divino. Son las almas que, gustosamente, recibieron en su tiempo el testigo y lo han transmitido a lo largo de la historia. Imagino a Jesús diciendo a sus amigos "como fui enviado les envío" y "lo que reciben como regalo compártanlo como regalo". Me gusta pensar que algo especial me fue regalado por la vida y mi mayor expresión de agradecimiento es compartir, ser, vivir una vida inspirada y...pasar el testigo... hasta que todos los corredores lleguemos a casa.

martes, 2 de agosto de 2016

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: El arbol de la ansiedad

El árbol de la ansiedad suele estar a plena vista del espacioso camino del éxito, siempre se muestra imponente, frondoso y su fruto accesible pero su sabor es amargo y nunca da sombra al confundido caminante que en el busque refugio o reposo. En una vereda angosta llamada victoria, en la otra dirección, se muestra un pequeño arbusto llamado confianza...su fruto es dulce, calma la sed  y su sombra cobija a quien se acerca lo suficiente para sentir una brisa entra sus delgadas ramas...y una de ellas tiene tu nombre escrito por la mano Divina.

TU REFRIGERIO ESPIRITUAL DE HOY: El tiempo de cosecha llegó.


El tiempo de cosecha llegó.
Por José Gil
Años de resentimiento y discordia predicada a diestra y siniestra ya permiten a un ex pais de esperanzados haberse tornado en una casa dividida. Pienso en la sumisa y ciega ignorancia de quienes aplauden la hoguera que extingue dignos caminos a la salud, trabajo, educación y un devenir para los hijos. Pienso en Nerón incendiando la ciudad, mi mente salta siglos a la velocidad del pensamiento y rememoro imágenes en blanco y negro de aquel 10 de mayo de 1933, el histérico cuadro de aquella quema de libros por los “nacionalistas”, hoy parte del basurero de la historia, cuyo horror tomó décadas apagar. A casi dos milenios de aquel emperador y un siglo del poderío nazi, una empoderada, pequeña pero feroz, manada de resentidos, retrógrados, ignora lo que los silentes gritos de la historia advierten. Medito si su ruindad es parto de la conveniencia que mueve a quien disfruta lo despojado a fuerza o si es su acumulada ingesta del fruto del resentimiento que ‎robó su capacidad de detener su paso arrasador. La desolación se impuso...una tierra embriagada de celebrar la injusticia quiso regarla con venganza  y su cosecha es la desolación que el odio enciende cual fuego que no se extingue hasta consumir todo. Entonces, levanto los ojos del alma, pienso en quienes han encendido la luz de esperanza en tiempos cuando auto denominados capitanes del barco social humano han encallado a quienes le confiaron el timón. Pienso en las almas valerosas cuya luz ha sido faro para otros que se habrían perdido también sin una guía en las tinieblas…y entonces veo lo que te quiero compartir hoy: No puedo vencer ni cambiar la maldad que se ha empoderado en mi entorno, pero puedo evitar que inunde mi ser. Si permito que germine el odio contra los villanos de hoy, terminare siendo el villano del próximo turno y mi cosecha sera la amargura del alma. Son dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. Impensable vencer al odio con mayor odio. Pienso en Ghandi al expresar que con eso del ojo por ojo quedaremos todos ciegos. Pienso en las sentidas lagrimas de alegría de quienes vieron a Mandela salir de prisión para reconciliar a un país en llamas, pienso…en las almas del camino, en apariencia solitarias, aunque acompañadas de lo Divino, cuya siembra de bien no puede ser minada o quebrada por la maldad que conciben los que odian. Entiendo porque sobre esas almas se escribió “cuan hermosos son sus pies sobre los montes”, y es que portan nuevas de esperanza. En este día estoy agradeciendo a Dios por los sembradores de esperanza que brillan. Ellos me recuerdan que el rescate de la belleza que aun queda, esa que Anna Frank veía desde la ventana de su alma, solo es posible si los sembradores de esperanza, ultima linea de defensa, tal como aquellos 7000 héroes anónimos que le fueron mencionados a cierto profeta acongojado, esparcen su semilla. Es tiempo de cosechar…también de sembrar. Tu y yo decidimos que semilla llevamos para hoy.